martes, 21 de julio de 2009

Guillermo Tell

El fin de semana terminó mal. Encendimos las velas, nos despojamos de lo accesorio y nos sumergimos en las tibias aguas de nuestra gran bañera. Las burbujas cubrían su peligroso cuerpo como un vestido de novia. Me estiro y cojo la botella de champaña y dos tulipas de cristal. Haciendo gala de mi envidiable destreza, introduzco sensualmente tres dedos en las profundidades de la picada y comienzo a girar la botella.

De golpe el corcho sale volando por los aires para estrellarse en uno de sus bellos ojos. La velada terminó con un ojo en tinta, profundo y oscuro, como los colores de esos furiosos Syrah cordilleranos.

La velada fue pura pasión!!!

5 comentarios:

Maculino dijo...

me gustarìa saber entender lo que
es un buen vino; reconocer su cuerpo y abolengo, conocer su nacimiento y el camino recorrido
hasta llegar a un paladar que lo
entienda y lo reconozca como su
preferido.

Eduardo Breton dijo...

Un buen vino tiene que tener buen color, ser equilibrado entre dulzor y acidez, y suave al paladar.

Un vino notable debe nacer de la tierra, y no de los estudios de preferencia de consumidores, debe ser elaborado más con el corazón que con la cabeza... En resumidas cuentas, debe ser un vino que conmueva.

Maculino dijo...

no tecleo dijo el chino

Eduardo Breton dijo...

Lo que quiero decir es que hay vinos que se hacen en la bodega pensando en los gustos del consumidor: suavidad, dulzura, no sé. Como un vino Coca Cola.

Para mí los mejores vinos son esos que se hacen en el viñedo, que interpretan un origen (con la menor intervención posible del enólogo), esos que saben a la tierra donde nacen. Con todas sus pifias y defectos.

Maculino dijo...

Considero el ùltimo comentario
como una falta de respeto. Ja.Ja
ja.ja.ja.ja......