lunes, 3 de marzo de 2014

10 Rosados sin complejos

Era una categoría subvalorada, dejada a la mano de Dios, pero el mercado ha obligado a reaccionar a los productores. Hoy los Rosados son más frescos y profundos, más elegantes y serios. Son vinos que se pueden mostrar y beber sin complejos.
En serio, cuesta tomarlo en serio. Pero me gusta tomarlo. El Rosado es una categoría que nació para calmar la sed, templar la moral de los bodegueros y evitar que termine en la acequia el sangrado de los grandes crus. Su origen, claro está, es nada de glamoroso, pero los que beben vino y no glamour agradecen la viveza de su fruta roja, su frescura y, por supuesto, su versatilidad para armonizar con las comidas, especialmente con la muy de moda onda thai.

Si bien su consumo era sólo estival, principalmente como aperitivo, el Rosado terminó por extender sus delicadas maneras, a veces incluso muy elegantes, marcadas por una seductora ambigüedad que hoy trasunta todas las esferas culturales. Escandinavos y británicos tiran su demanda y los productores chilenos no quieren quedarse bajo la mesa. Corren desesperados para llegar a tiempo con sus últimas cosechas antes de que finalice el verano europeo.

Como hace una década su demanda era aún muy incipiente, las bodegas no hacían grandes esfuerzos para animar la categoría. Los vinos eran fruto del sangrado de los grandes tintos. Algunos de ellos, que aún subsisten en el mercado, son muy buenos, por cierto, pero hoy son cada vez más los rosados elaborados ex profeso, con cuartelillos destinados a esos menesteres y, generalmente, con su fruta cosechada más temprano para mantener pHs bajos y toda la frescura que caracteriza o debería caracterizar al segmento.

Esos primeros vinos obedecían a las supuestas preferencias de un consumidor joven e innovador, alejándose del estilo de los grandes clásicos franceses. Sus colores eran electrizantes, como neones que invitaban a pecar, mientras sus cuerpos eran curvilíneos, voluptuosos y dulces, incluso a veces con aromas que iban más allá de la fruta, como pañuelos de gañanes trasnochados o perfumes de vainillina que poco y nada aportaban al mejunje.

Aún muchos enólogos no se atreven a embotellar vinos con colores ligeros, como de pétalos de rosa o truchas salvajes. “¿Qué opinas del color?”, preguntan algo inseguros. “¡Precioso!”, digo sin pestañar. Y la verdad es que me fascina esa poética palidez, esa bella y aparente fragilidad, esa natural elegancia sin estridencias o excesos. “¿Y la boca? ¿No estará muy seca?”, vuelven a preguntar. “Gracias”, respondo. Porque se agradece una boca seca y jugosa, que no empalague ni adormezca el paladar, sino que despierte los sentidos, profundice con su acidez, refresque las tardes y amortigüe los picores de la vida.

La gran mayoría de los Rosados chilenos eran elaborados a partir de Cabernet Sauvignon y hacían gala de un cuerpo musculoso y firme. Hoy el paisaje es más variado y nos encontramos con vinos de una multiplicidad de cepajes, desde florales Pinot Noir, especiados Syrah y Carmenère, hasta representantes del secano, como País y Cinsault, que hoy seducen con su profunda simpleza. Hay que tomar cada vez más en serio a los Rosados. En serio.

Bisquertt Escaping, Kissing & Missing Rosé País 2013

De viñedos antiguos de Portezuelo, una de las zonas más templadas del Itata profundo, Bisquertt escapa de las tradicionales cepas francesas para besar la abandonada País. ¿Cómo? A través de un vino color rosa pálido y destellos anaranjados, como los últimos estertores de una puesta de sol. Con notas de azahares y frutillas salvajes. Deliciosamente fresco.

Maquis Rosé Malbec 2013

Provenientes de un cuartel emplazado en la ribera del estero de Chimbarongo, en el corazón de Colchagua, sus uvas fueron cosechadas muy temprano para preservar todo el nervio y acidez de sus frutos rojos. Es un Rosado firme, pero elegante. De un estilo más bien seco, pero con un corazón dulce y generoso.

Bodegas RE Pinotel 2013

De una bodega que redescubre las vitivinicultura a través de su purismo enológico y atrevidas mezclas, este Pinot Noir de Casablanca –con un 15% de Moscatel de Loncomilla– seduce con su elocuencia frutal y frescura. Con un epicentro de frutos rojos, pero atravesado por bocanadas de flores blancas, es un vino que va más allá de la categoría del Rosado. Es un Resado.

Zaranda Rosado Cinsault 2013

Es un vino que nace en la zona de Guarilihue, a una veintena de kilómetros del mar, en esas sinuosas tierras donde los españoles plantaron sus primeras estacas. Con el carácter y jugosidad de los mejores representantes del Itata, este Rosado conquista con sus frutillas y cerezas ácidas. Con su franco e irreductible carácter.

Miguel Torres Santa Digna Rosé Cabernet Sauvignon 2013

Representa uno de los primeros Rosados serios de Chile y, aunque mantiene su estilo original, sin mezquindades con el azúcar residual, este Cabernet Sauvignon de Curicó es voluptuoso, firme y largo. Algo dulce, es cierto, pero muy bien apuntalado por su acidez, lo que le permite que sus elocuentes frutos rojos profundicen en nuestro paladar.

MontGras Pink Sin Zinfandel 2013

Este Rosado es simplemente una rareza. Elaborado a partir de un cuartel de Zinfandel colchagüino –con un pequeño porcentaje de Merlot–, presente aromas terrosos y animales. De cerezas y frutillas maceradas. Sin ocultar su personalidad dulce, se deja beber con mucha facilidad. Es un vino simple. Atractivo y exuberante. Que invita a pecar sin miedos.

De Martino Gallardía Cinsault 2013

Su color es tenue, delicado, como la piel de la cebolla. Sus aromas son de frambuesas y guindas ácidas. Proveniente de la fresca zona de Guarilihue, en plena Cordillera de la Costa en Itata, impresiona por su franqueza y jugosidad. Es un vino engatusador y quizás hasta peligroso… porque no te das cuenta cuando ya se ha acabado la botella.

Los Vascos Rosé Cabernet Sauvignon 2013

Con un 90% de Cabernet Sauvignon y 10% de Syrah de Peralillo, este Rosado es corpulento, exuberante en aromas, pero en la boca se mueve como un bailarín. Con notas de frutillas, guindas y ciruelas, y ciertos tonos de frutos secos que aportan algo de calidez, pero también de complejidad, este vino es un Rosado con alma de tinto.

Las Niñas Rosé Syrah 2013

Proveniente de Apalta, el barrio alto de Colchagua, este Rosado se muestra sencillo y austero. Simplemente, encantador. Con expresivos frutos rojos, y cierto dulzor – cándido, pero en ningún caso empalagoso– camina por la boca con mucha suavidad y coquetería, dejándonos un dulce recuerdo.

Leyda Loica Pinot Noir 2013

De la zona de Leyda y sus nubosas mañanas, este Pinot Noir profundiza en el lado más fresco de la categoría. Con aromas de flores, frambuesas y guindas ácidas, incluso ciertas notas cítricas que aportan electricidad y un cierto toque salino, es un vino que hace gala de su origen costero. Vertiginoso y refrescante.

martes, 11 de febrero de 2014

Los nuevos tintos de Casablanca

Son vinos de nicho, audaces, pero de alto valor agregado, una punta de lanza que refresca el portafolio del valle, profundizando en el carácter de un pionero que no se queda dormido en los laureles, sino que siempre va por más.
Es una cepa multifacética, generosa, que se ha adaptado mansamente a las distintas condiciones de los valles chilenos. A pesar de su reciente introducción a finales de los 90, la Syrah ha sabido demostrar una personalidad firme, atractiva y rendidora. Su asombrosa consistencia –no tiene las mañas del Carmenère y esa aversión a las altas temperaturas del Merlot o Cabernet Sauvignon– permite una muy buena oferta de vinos en todos los segmentos de precio y reinventarse, una y otra vez, buscando nuevos facetas y nichos de mercado.

Sin embargo, la pérdida de valor de la Syrah en el concierto mundial, principalmente por la desmesurada fiesta australiana, ha obligado a esta cepa a intentar la conquista de nuevos paladares, más exigentes y educados. En Chile, a partir de las últimas décadas, comienzan a irrumpir, en un comienzo con cierta timidez, representantes de climas costeros, que reflejan una nueva ecuación entre azúcar y acidez, cuerpos más delicados y notas que se alejan de las mermeladas y los más pesados tonos cárnicos, para brillar con sus flores y pimientas multicolores.

En Casablanca, la flamante Capital Mundial del Vino, la Syrah fue recibida con algo de suspicacia. ¿Para qué ir contra de la naturaleza? ¿Por qué no concentrar los esfuerzos y empujar aquellas cepas que conviven mejor con las características edafoclimáticas casablanquinas, como Sauvignon Blanc, Chardonnay y Pinot Noir?, se preguntaba hace algunos años un pionero del valle. Sin embargo, el éxito en la crítica, especialmente en los paladares británicos, han incentivado a las bodegas del valle a incluir en su portafolio la Syrah. Hoy no tenerlo es ir contra la naturaleza comercial o, más bien, contra la moda imperante, que exige –exige pero aún entrega poco y nada a cambio¬–, tintos más frescos y audaces.

La Syrah, junto al Merlot y algunos pequeños spots de Cabernet Franc y Malbec, han terminado por teñir la Casablanca, tanto así que la presentación de los primores tintos de Casablanca –o Tintos de Clima Frío– se ha convertido en uno de los más esperados hitos del año. Hace algunas semanas, en las hermosas instalaciones de Bodegas RE, una docena de viñas descorcharon sus últimas cosechas, demostrando la consistencia de una cepa que llegó con ciertas dudas, pidiendo permiso, pero, sin lugar a dudas, llegó para quedarse.

Si bien la Syrah en Casablanca no permite producir grandes volúmenes –ni pasa por su mejor momento comercial como cepa–, sí fortalece el posicionamiento del valle, mostrando una cara más versátil e innovadora. Sin abandonar los esfuerzos por el Merlot u otras cepas tintas que podrían agregar emoción y diversidad, la Syrah tiene un lugar destacado en la categoría de vinos de especialidad o en segmentos más altos de precio, pero para eso los empresarios vitivinícolas de Casablanca tienen un enorme desafío por delante: dejar de vender Syrah –en un carro desbordante, que ya no necesita actores que vendan más de lo mismo– y empezar a empujar con mayor fuerza Casablanca como denominación de origen, como una marca pionera, fresca y atrevida, que no se queda dormida en los laureles, sino que siempre va por más.


DESTACADOS DE CASATINTA

Bodegas RE Syrahnoir 2013

Con un 70% de Syrah del fundo El Refugio y el resto Pinot Noir de El Ensueño, sus uvas fueron cofermentadas para conseguir una mayor complejidad e integración. Es un vino excéntrico, floral y profundamente fresco. Delicado, pero muy firme a la vez.

Estancia El Cuadro (El Acierto) 2012

Proviene de unas cuantas hectáreas del sector de Tapihue, pero las suficientes para que este centro de eventos se reestrene como corresponde: con un Syrah muy austero y jugoso. Pura fruta roja salpimentada, sin interferencias ni delirios de grandeza.

Emiliana Signos de Origen Syrah 2012

Proveniente de La Vinilla, uno de los sectores altos del valle, este vino es un gran signo de voluptuosidad. Posee una nariz que huele a charcutería y fruta dulce, y una estructura firme, musculosa, que augura muy buenos años de evolución.

Veramonte Reserva Merlot 2012

El Merlot es una cepa que no hay que descuidar y Veramonte, después de mucho trabajo, comienza por fin a tomarle la mano. Aquí encontramos mucha fruta roja, madura y elocuente, y una pimienta negra que contrasta con su dulzor. Jugoso y muy fácil de beber.

Quintay Q Syrah 2012

De las hermosas laderas de Mina de Agua, este Syrah se caracteriza por su potencia y exquisita combinación de tonos florales y de fruta roja. Es un vino firme y concentrado, que expresa de muy buena manera el potencial de los suelos graníticos de Casablanca.

Morandé Terrarum Merlot 2010

Con su fruta del fundo Belén, este Merlot es un muy buen ejemplo de la consistencia que puede lograr la cepa en el valle y a una excelente relación precio / calidad. Es un vino jugoso, simple y alejado de la sobremadurez.

Mancura Leyenda Gran Reserva Syrah / Cabernet Franc / Merlot 2011

Una mezcla entretenida y que resume muy bien el potencial tinto del valle. Con una barrica aún muy protagonista, donde resaltan los aromas de granos de café y chocolate amargo, aparecen expresivas notas florales y de frutos rojos.

House Casa del Vino Tirazis 2011

Un Syrah muy completo aromáticamente y con una excelente estructura frutal. Se sienten notas de frutos del bosque, pimienta negra, pero también ciertos tonos herbales que refrescan el conjunto. Un vino jugoso y firme.

Loma Larga Lomas del Valle Quinteto 2012

Esta viña es la gran especialista en tintos del valle y con este Quinteto compuesto de Cabernet Franc, Syrah, Malbec, Merlot y Pinot Noir resume de gran forma el potencial de sus laderas. Es un vino floral, liviano y jugoso, que no esconde sus marcadas notas herbales, y que profundiza con gracia y notable frescura en el paladar.

Carmen Reserva Merlot 2011

Proveniente de sus viñedos de San Miguel y Santa Inés, este Merlot es otro ejemplo de franqueza con la cepa. Con notas de ciruelas y frambuesas, y trazos de pimienta verde, demuestra toda su simpleza, jugosidad y frescura.

Casas del Bosque Pequeñas Producciones Syrah 2012

Este Syrah, proveniente de una de las zonas más frescas del valle, es sinónimo de elocuencia. Aquí encontramos potencia frutal, pero también mucha elegancia. Con notas de violetas, arándanos y guindas, mucha pimienta y ciertos tonos herbales, es un Syrah con un buen presente, pero con un tremendo futuro.

Casablanca Neblus 2011

Nace en las partes más altas del fundo Santa Isabel, en suelos de puro granito, lo que moldea una personalidad firme y seria. Fermentado en barricas con granos enteros, al oxigenar la copa irrumpen el humo y sus expresivos frutos silvestres. Es un Syrah concentrado, pero muy fino. Un gran top de línea para esta cepa.









miércoles, 11 de diciembre de 2013

10 espumosos para celebrar

Hace una década los espumosos eran sólo para celebrar las festividades. Su consumo era súper estacional y basado principalmente en el estilo demi sec. Hoy las burbujas explosionan, serpentean y alcanzan nuevos umbrales cualitativos. Las bodegas chilenas han afinado la mano. El mercado se expande. La fiesta es de verdad.
A los chilenos definitivamente se les subieron las burbujas a la cabeza. En los últimos cinco años el consumo de espumosos casi se ha doblado, pasando de US$ 31 millones a US$ 61 millones. Pero no sólo eso. Ya no necesitan esperar la noche de Año Nuevo para descorchar una botella. Tampoco quedarse pegados en los demi sec o moscato. Los paladares se han refinado. La demanda por vinos secos empuja un carro que parece no tener punto de retorno. Los consumidores ya gastan casi US$ 4 al año, despertando una categoría que hibernaba como los espum-osos.

Ha sido un proceso mucho más lento, pero la demanda de espumosos chilenos en el exterior comienza a sacudirse la modorra. De acuerdo con datos de ProChile, durante los primeros nueve meses de 2013 se exportaron prácticamente US$ 15 millones, un 8% superior al mismo período del año pasado, principalmente a Japón, Venezuela y Reino Unido. Liderados por Undurraga, Concha y Toro y Valdivieso, los envíos al extranjero, en una estrategia de mediano y largo plazo, también representan un aliciente para que las viñas nacionales aumenten la oferta y calidad de sus espumosos.

El mercado chileno, aunque es muy pequeño en comparación a otros países –los argentinos beben US$ 364 millones de espumosos–, es atractivo en segmentos superiores de precio debido al sostenido crecimiento económico durante los últimos años y al carácter cada vez más cosmopolita de su capital Santiago. Esto no sólo ha tentado a marcas extranjeras a comercializar sus productos en Chile, especialmente argentinas, españolas y francesas, sino además ha generado todo un cambio cualitativo en la oferta de vinos locales, levantando fuertemente la categoría de espumosos secos y elaborados bajo el método tradicional o champenoise.

Hoy en Chile se producen espumosos desde Limarí hasta Bío Bío, destinando los mejores terruños para cosechar uvas frescas y vibrantes. La mayoría de ellas provienen de valles costeros, como Casablanca y Leyda, pero en los últimos años el sur profundo ha sido redescubierto como un muy buen proveedor de uvas con pHs bajos y una personalidad muy distintiva.

En Itata, por ejemplo, un grupo de productores tradicionales ha unido fuerzas para rentabilizar sus antiguos viñedos de Moscatel y Cinsault, comenzando una auspiciosa saga que tiene muy expectante a la prensa especializada. Incluso en la orilla del lago Ranco –un proyecto de la familia Silva– y en la ribera del río Pilmaiquén, en la osornina comuna de San Pablo –un emprendimiento de Christian Sotomayor y Alejandro Herbach-, han logrado atrapar burbujas que deparan futuras y felices sorpresas.

Junto con los terruños adecuados para la elaboración de los vinos base, la mayoría de ellos mezclas de cepas tradicionales francesas, se ha depurado muchísimo la técnica para la producción de champenoise y charmat. Hoy la oferta es amplia y de una calidad creciente. Podemos encontrar en las estanterías espumosos simples, alegres y refrescantes. Otros elegantes, complejos y firmes. Ya no hay que buscar excusas. Los espumosos chilenos ya no sólo sirven para aplacar la sed de las festividades, sino que son una celebración en sí mismos.

Morandé Brut Nature, Casablanca

Con un 60% de Chardonnay –y el resto Pinot Noir– provenientes del fundo Belén, estamos ante un espumoso elaborado bajo el método tradicional, elegante y ambicioso, producto de casi cuatro años de crianza. Con aromas florales y frutosos, pero muy bien apoyados por notas de pan tostado y trufa fresca, seduce por su fineza y complejidad. Su boca es firme, oleosa y fresca.

Tamaya T Nature Chardonnay 2010, Limarí

Es un espumoso serio, atípico y profundamente mineral. De los viñedos de la parte norte de su campo en Quebrada Seca, caracterizado por sus suelos con un mayor contenido de componentes calcáreos, presenta aromas sutiles, delicados, pero una boca punzante y en extremo seca. Es un vino artesanal y t… tremendamente atractivo.

Casa Silva Fervor, Colchagua

Con Pinot Noir y Chardonnay provenientes de sus campos de Lolol y Paredones, este espumoso con segunda fermentación en botella conquista por su carácter, elegancia y potencia en boca. Con notas cítricas y minerales, que regala el Colchagua más costero, es un vino hecho para sentarse a la mesa y disfrutar con fervor de una gran sierra grillada.

Valdivieso Blanc de Blancs, Casablanca y Curicó

Es un Chardonnay delicado y elegante. Elaborado bajo el método champenoise, con nada menos que 30 meses de crianza, regala notas de flores silvestres, manzana verde, nueces y pan tostado. Es un vino muy equilibrado en sus aromas y con el peso justo para acompañar un lujurioso ceviche de lenguado.

Portal del Alto Brut, Itata

Proveniente de la zona de Quillón, este espumoso charmat está compuesto por una base de Chardonnay, pero con un 10% de Moscatel que perfuma, alegra y hace bailar sus finas burbujas. Es un espumoso con notas florales y de manzana verde, simple y directo, con una excelente relación precio / calidad.

Leyda Extra Brut Blanc de Blancs, Leyda

Un espumoso refrescante, que refleja todo la personalidad de esas parras de Chardonnay que encaran el Pacífico. Con expresivas notas cítricas y de manzana verde, y con un toque de pan tostado producto de una crianza de 18 meses con sus lías, este champenoise atrae por su simpleza y elocuente acidez.

Miguel Torres Estelado País, Secano Interior

Este Rosé no sólo rescata una olvidada denominación como Secano Interior, sino además pone en valor una cepa rústica y castiza como la País, destinada principalmente a la elaboración de humildes vinos campesinos. El resultado: un espumoso que cautiva con sus aromas de frutilla y frambuesa, pero al mismo tiempo con una boca firme, suave y chispeante.

Undurraga Titillum Original, Leyda

Esta mezcla tradicional de Chardonnay y Pinot Noir, destaca por sus burbujas finas y punzantes. Con aromas de flores, damascos y frambuesas, muy bien fundidas con los tonos ahumados de su crianza, ofrece una boca bien estructurada, sabrosa y ligeramente dulce.

Cono Sur Brut Special, Bío Bío

A partir de su cosecha 2012 ya no tiene Riesling en su mezcla, pero continúa conservando su carácter y ese acidez distinta del sur de Chile. Con un 93% de Chardonnay y el resto Pinot Noir, este espumoso elaborado bajo el método charmat presenta notas de flores blancas, manzana roja y ciertos tonos amielados que complementan su vocación por la frescura.

Bandido Neira Cinsault 2012, Itata

Es un espumoso hecho a lo bandido. Y desde su primera cosecha nos tomó por asalto su elocuente personalidad. Con notas de frambuesas y guindas ácidas, este espumoso con segunda fermentación en botella abre un promisorio camino para el Cinsault del Itata. Es un rosé para beberlo joven y despreocupadamente. Hasta la última gota.






miércoles, 30 de octubre de 2013

Vinos del Balaton: La nueva revolución húngara

Si bien está región es dominada por los blancos, especialmente por sus florales Olaszrizling, en la orilla sur del lago irrumpen algunos tintos excepcionales: vinos que confieren una nueva dimensión a cepajes internacionales, como Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot. Una personalidad marcadamente especiada, profundamente húngara.
En Budapest se respira modernidad, un ambiente cosmopolita y efervescente, pero también el imponente y sobrecogedor peso de su historia. A pesar de sus múltiples guerras y revoluciones, su carácter imperial se mantiene incólume. Sus variados estilos arquitectónicos, muchas veces recargados y asimétricos, son el escenario de una capital donde se vive intensamente las artes, la gastronomía y el vino. Por la orilla del Danubio, este río-literario que separa Buda de Pest, pasean más de 4 millones de turistas al año, colmando sus coloridos restaurantes y bares. Y frente al imponente castillo de Buda, que vigila los nerviosos movimientos de la ciudad, descorchamos un Tokaji Demeter Furmint 2008, un vino seco, fresco y profundamente delicioso, que simboliza un antes y un después, que representa de gran forma los nuevos aires de la vitivinicultura húngara.

Los vinos húngaros viven una nueva revolución. Después de casi medio siglo de siesta, descansando en sus viejos laureles, intentando calmar la insaciable sed del imperio soviético, despierta con un renovado espíritu. Tokaj, su región más emblemática, la cuna de los más sublimes vinos dulces del mundo, hoy se abre al cambio, a la innovación, escapando a ratos de la podredumbre noble para ofrecer vinos secos, frescos y vibrantes. La pequeña gran Somló, a los pies del volcán del mismo nombre, persevera en la potente mineralidad de sus vinos, embotellando Furmint y Hárslevelű que sacan chispas. Y las regiones del Balaton, ubicadas a tan solo un centenar de kilómetros de Budapest, se reinventan para producir jugosos blancos y algunos de los mejores tintos de Hungría.

LOS IMPRONUNCIABLES BLANCOS

El lago Balaton es también conocido como el mar de Hungría. Y tiene credenciales de sobra. Con nada menos que 77 kilómetros de largo y un promedio de 7,8 de ancho, es el balneario predilecto de los húngaros y muchos de sus vecinos, pero también el epicentro de cuatro importantes regiones vitivinícolas: en su orilla norte, Balatonfured-Csopak, Badacsony y Balatonfelvidék; y en el extremo sur, Balatonboglár. Ambos lados presentan características muy diferentes. La parte norte es más accidentada. De espaldas a una formación volcánica, produce vinos blancos con marcados tonos minerales, francos y ligeros, pero quizás sin la complejidad de los grandes de Somló.

En Badacsony, por ejemplo, las variedades más cultivadas son Olaszrizling y Rajnai Rizling. También para los paladares más exigentes, que siempre andan en busca de rarezas, encontramos botellas del salino Kéknyelű, el vino favorito del gran escritor Sándor Márai. De la mano de próceres como Huba Szeremley, esta cepa autóctona alcanza dimensiones insospechadas y un potencial de guarda que puede sobrepasar fácilmente una década.

Si bien en Balatonfelvidék bajamos un poco en intensidad, encontramos algunas cosas muy peculiares y únicas. De acuerdo con el experto húngaro József Kósarka, los vinos más populares de esta zona provienen de la blanca Cserszegi Fűszres, una uva híbrida que proviene del cruce de Irsai Olivér y Tramini, creada hace medio siglo y que hoy crece casi exclusivamente junto al pequeño balneario Héviz, considerado la mayor fuente de aguas termales de Europa. “Comercializada en el mercado británico como ‘El impronunciable’, esta cepa regala vinos ligeros, con intensos y complejos aromas de frutas tropicales y de flores de saúco, y un final de delicadamente boca dulce”, explica.

En Balatonfured-Csopak existen muy buenos terruños para blancos, pero también algunos para tintos de ciclo corto de maduración como Merlot y Zweigelt, plantados mayoritariamente en la península de Tihany, cuya abadía fue construida hace más de mil años y donde se encontraron los primeros documentos escritos en húngaro. Sin embargo, la variedad más extendida es la Olaszrizling –conocida también como Welschriesling, no es pariente del acorazado alemán-, junto a cepajes como Szürkebarát, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Quizás los vinos más interesantes de la zona son los Olaszrizling de István Jásdi, elaborados con levaduras indígenas, frescos y punzantes, con alcoholes que no superan los 13º, o bien, sus más estructurados ensamblajes de Olaszrizling y Furmint.

EL PEQUEÑO REINO TINTO

Si en la orilla norte dominan los blancos, en Balatonboglár los tintos son sin duda la especialidad de la casa, probablemente los más interesantes y bien logrados de Hungría. Sus suelos más pesados, amarillentos y arenosos, con un buen porcentaje de gravilla, que caen suavemente hacia el lago, ofrecen la exposición ideal para que maduren cepajes como Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot. Estos vinos, con crianzas en barricas de roble francés y húngaro, cautivan por su personalidad especiada, pero sobre todo por su jugosidad y profundidad en boca, destacando especialmente productores como Vencel Garamvári, János Konyári y Ottó Légli.

En la hermosa y moderna bodega Konyári, hicimos un alto para disfrutar del paisaje y de los vinos. Liderada por János Konyári y su hijo Daniel, la filosofía de la casa es tratar las uvas con mucho respeto y limpieza, manejando gravitacionalmente todo su proceso de vinificación. Sus vinos transmiten toda la tipicidad de la orilla sur del Balaton, moldeada por la humedad y temperaturas de un verano que coquetea en forma muy natural con los cepajes tintos. Pero también con algunos blancos que ostentan un muy buen equilibrio entre azúcar y acidez, como su Loliense 2011: una mezcla de Sauvignon Blanc, Chardonnay y Olaszrizling, muy floral, con tonos cítricos, un ligero toque metálico y una acidez bastante pronunciada.

Pero, sin duda, son sus tintos los que marcan pauta y abren un inexplorado y
prometedor camino para los vinos húngaros. Como aperitivo, Jánoshegyi Kékfrancos 2011, un ligero y súper especiado tinto, que cautiva por su gran personalidad; Sessio 2009, un ensamblaje de Merlot y Cabernet Franc, salpimentado y profundo; Páva 2009, una mezcla de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Petit Verdot y Merlot, un vino poderoso, pero de modales delicados, considerado por la crítica húngara como el tinto más elegante de Hungría; y una gran primicia: Konyári 2009, un Cabernet Sauvignon firme y vibrante, fino y complejo, que insinúa un tremendo potencial de guarda.

Si bien Hungría es y será reconocida por sus blancos, desde sus minerales exponentes de Badacsony o Somló hasta sus míticos Tokaji Aszú, su paleta de colores y sabores se amplía con una nueva generación de tintos que tiene mucho por decir. Ya sea con variedades internacionales, o rescatando menospreciados cepajes como Kékfrancos, sus vinos expresan una personalidad distintiva y que armoniza muy bien con las cocinas condimentadas del mundo gracias a sus exóticos matices aromáticos y marcada frescura.

Sin abandonar las antiguas tradiciones, utilizando sus variedades autóctonas y barricas de gran calidad, los húngaros sin duda despertaron de su larga siesta para ponerse pantalones largos.







jueves, 8 de agosto de 2013

10 vinos dulces para recordar

Desde las nuevas zonas costeras hasta el tradicional secano interior, los Cosecha Tardía chilenos recuperan la chispa y elocuencia que habían quedado presos del olvido. Hoy son una categoría que se toma en serio, mostrando, en ciertos casos, un gran equilibrio entre dulzor y acidez. Una contundente y untuosa personalidad que no se achica frente a los grandes exponentes del Viejo Mundo.
Dicen que comer pasas ayuda a la memoria, pero el gusto por estos frutos deshidratados parece ir en franca retirada. Hoy escasea en el pino de las empanadas. Se echa de menos en el cambalache de maníes y almendras a la hora del aperitivo. Esta falta de pasas, esta afrenta contra el sol, este imperdonable olvido, nos tiene convencidos de que la producción de vinos dulces en Chile es un fenómeno reciente, que se inauguró en 1988, cuando Pablo Morandé, entonces enólogo de Concha y Toro, elaboró el primer vino etiquetado como Late Harvest o Cosecha Tardía.

Sin embargo, los vinos dulces tienen antecedentes coloniales, profundos y embebidos por la tradición castiza de las Mistelas y otros brebajes que endulzaban los albores de la nación. No podemos olvidarnos de los elocuentes Pajaretes del Valle de Limarí, con los florales y amielados tonos de sus Moscateles, que hoy se redescubren y revaloran como un patrimonio de la vitivinicultura nortina. Tampoco de los Asoleados de Cauquenes, esos vinos rústicos y sabrosos hechos a partir de la tinta Criolla o País, cuyos racimos eran cortados y dejados secar bajo el inclemente sol del secano interior maulino.

No hay cepas exclusivas para la elaboración de Late Harvest, aunque resulta mucho más sencillo con variedades de pieles más sensibles, como Sauvignon Blanc, Semillon o Gewürztraminer. Fieles a nuestra tradición francesa, que se impuso a partir de la segunda mitad del siglo XIX, muchos intentan emular los Sauternes, esos portaestandartes que nacen a partir de Semillon (y a veces con un porcentaje menor de Sauvignon blanc), como el mítico Château d'Yquem. Sin embargo, no existen dogmas al respecto. Todo depende de la imaginación del enólogo y, por supuesto, de las únicas y peculiares características del terroir.

Como sabemos, no es fácil reunir en un mismo lugar las condiciones de calor y humedad para propiciar la botrytis cinerea o podredumbre noble. A diferencia de la podredumbre gris, que destruye sin asco los granos, la botrytis cinerea penetra con ternura los microporos de sus pieles y absorbe el agua, aumentando el nivel de glicerina en el interior de la baya. Luego de una serie de reacciones químicas, este hongo milagroso confiere a los vinos una textura untuosa y exuberantes notas de miel, flores, membrillos, almendras y otros descriptores que van surgiendo a medida que el jugo descansa en estanques o barricas de roble.

Pero no es fácil conseguir tamaña nobleza. El desarrollo de botrytis muchas veces es irregular o disperso, incluso en un mismo racimo, obligando a los viticultores a vendimiar por pasadas o grano por grano, encareciendo la mano de obra y el vino que finalmente se colocará en el mercado. Para lograr un vino equilibrado (la perfecta ecuación entre dulzura y frescor), es fundamental cuidar la acidez natural de la fruta. Las uvas con botrytis pueden sobrepasar fácilmente los 20° de alcohol probable, dejando, a la postre, muchos gramos de azúcar sin fermentar.

Sin duda este balance es más sencillo de conseguir en regiones frías, como Alemania, Austria o Canadá, pero no tanto en zonas más cálidas, donde en ocasiones se requiere corregir la acidez con tartárico. Sin embargo, los enólogos chilenos, poco a poco, gota a gota, comienzan a tomarse la categoría mucho más en serio. Así lo refleja la incasable búsqueda de los terroirs más adecuados, desde la costa nortina hasta las tradicionales zonas del secano, combinaciones de cepajes que proyectan una personalidad diferenciadora, y el rescate de valles patrimoniales y con una historia dulce e imperecedera, como Cauquenes, Itata y Bío Bío.

Los Cosecha Tardía chilenos tienen mucho que decir. Y lo dicen con una dulzura extrema, a veces avasalladora, pero con un discurso cada vez más equilibrado y profundo. La categoría, más tarde que nunca, recupera su memoria.

MORANDÉ GOLDEN HARVEST 2007

Sólo se han embotellado dos cosechas de este Sauvignon Blanc: 2000 y 2007, cuando en su terroir de Casablanca se dan las condiciones perfectas para la mágica irrupción de la botrytis cinerea. Aromas de jazmín, damasco, papaya, melón, macadamia y trufa blanca. Untuoso y profundo. Serio, complejo y fantasmal. Una leyenda dorada.

ECHEVERRÍA LATE HARVEST 2007

Es el escudo familiar de la viña de Molina. Un Sauvignon Blanc concentrado, pero de movimientos gráciles, que recuerda frutos confitados, pistachos, trufas blancas, avellanas y semillas de girasol tostadas. Un homenaje a la más noble de las podredumbres. Y al vino mismo.

RESERVA DE CALIBORO ERASMO 2009

Un hallazgo, quizás una reliquia del secano maulino. Un vino en base a Torontel que recoge la antigua tradición de cortar los racimos y dejarlos colgando al sol. Flores silvestres, damascos secos y cítricos confitados. Un vino que regala un toque ancestral y de locura.

MIGUEL TORRES NECTARIA RIESLING 2009

Un curicano que trasmite paciencia y sabiduría. Con la irrupción natural de la botrytis cinerea, o ayudada por la mano del hombre, este Riesling regala mucha concentración y frescura. Con notas de duraznos maduros y confitura de naranja, se muestra nervioso y profundo, prometiendo (y no en vano) un gran potencial de guarda.

VALDIVIESO ECLAT SEMILLON 2011

En los faldeos cordilleranos de Molina, nace este Semillon 100% botrytis noble. Es un vino concentrado, pero en extremo vivaz, que va develando lentamente distintas capas de sabores, distintas complejidades, desde papayas hasta mermeladas de cítricos. Es complejo y untuoso. Profundo y elocuente.

CASAS DEL BOSQUE LATE HARVEST RIESLING 2011

Es un fiel representante de una de las zonas más frías de Casablanca. Un Riesling que huele a flores de acacia, dulce de membrillo, cáscara de naranja y hierbas aromáticas. Es un Late Harvest que profundiza en un estilo fresco, tentándonos (o obligándonos) a terminar con la botella.

CHOCALÁN MALVILLA RIESLING 2011

Proveniente de la zona de Malvilla, ubicada a sólo 5 kilómetros del mar, este Riesling sorprende con su cuerpo ligero y por una frescura que persevera y persevera en el paladar. Con notas de azahares, damascos secos y confitura de naranja, nos deja un recuerdo dulce y salino. De vacaciones. De mar y viento.

CONO SUR COSECHA NOBLE RIESLING 2011

Orgullosamente de Mulchén, en el Valle de Bío Bío, este Riesling muestra un gran equilibrio entre dulzor y acidez, entre su cuerpo firme y sus movimientos elegantes. Es un vino que serpentea en el paladar, que conquista con sus notas de flores blancas y carácter cítrico. Con su exquisita acidez.

TAMAYA SWEET GOAT MOSCATEL DE ALEJANDRÍA 2012

Me encanta el carácter floral de los Moscateles de Limarí. Y esa ligereza y suave balanceo que acaricia el paladar. Es un ramillete de flores. Lirios, rosas, jazmines y peonias. Frutos como papayas, damascos y mandarinas. Proveniente de parronales, este vino proyecta de muy buena forma la más dulce tradición nortina.

VIU MANENT NOBLE SEMILLON 2012

Había mucho, pero hoy cuesta encontrar viñedos antiguos de Semillon. Pero en el Fundo San Carlos, en el corazón de Colchagua, Viu produce este concentrado vino que proviene de parras de 40 años de edad. Con notas de miel, damascos, almendras y cáscaras de naranja confitadas, este vino es pecaminoso. Es pura voluptuosidad.



martes, 6 de agosto de 2013

Valle de San Antonio: La locura que terminó contagiando a todos

Pese a su breve historia, es uno de los valles más cotizados y la cuna de algunos de los Sauvignon Blanc más impresionantes de la escena nacional. Pero hay otras cepas que también tienen algo que decir. Y aún hay tiempo. Aún hay mucho paño blanco (y tinto) que cortar.
Pareciera que los viñedos siempre hubieran estado allí, como eternos vigilantes de las olas, pero la historia del Valle de San Antonio comenzó hace tan sólo 15 años, cuando el empresario Luis Alberto Fernández plantó las primeras estacas de Chardonnay, salpicando con un poco de verde los agrestes suelos del secano costero, donde sobrevivía una agricultura de humildes raíces campesinas, dedicada principalmente al cultivo de hortalizas y cereales.

Con una pluviometría que apenas promedia los 350 mm al año, el empresario debió realizar una millonaria y fundamental inversión para irrigar esta tierra virgen y sedienta de un mejor destino: construir una tubería de 8 kilómetros que guiara las aguas del río Maipo hasta los viñedos. Una locura, para muchos, pero a final de cuentas una visionaria y rentable jugada. Así fueron los inicios de la pionera Viña Leyda –hoy controlada por el Grupo San Pedro-Tarapacá-, y de una saga que está lejos, muy lejos de terminar.

En un abrir y cerrar de ojos, se levantaron las bodegas de Garcés Silva, ubicada en la zona de Leyda, Casa Marín, en la más costera Lo Abarca, y Matetic, en las suaves colinas de El Rosario, casi en el límite con el Valle de Casablanca. Este triángulo virtuoso, que prácticamente delimita el Valle de San Antonio, fue consolidando el prestigio de esta incipiente denominación, convirtiéndola en un tremendo polo de atracción para los críticos de vinos y, en consecuencia, para el resto de los actores vitivinícolas que buscaba desesperadamente acercarse al mar para refrescar sus portafolios.

A pesar de las restricciones hídricas, que han sabido mantener a raya el exceso de entusiasmo empresarial, el Valle de San Antonio ha experimentado un crecimiento explosivo, sumando más de 2 mil hectáreas plantadas, de las cuales casi dos tercios corresponden a cepajes blancos. Con un timing envidiable, irrumpió en pleno boom del Sauvignon Blanc, cuando los mercados comenzaban a cansarse de los empalagosos ritmos tropicales de la Chardonnay, para escuchar otras melodías, otros acordes, otros sonidos, quizás más extremos, más ácidos, más vertiginosos.

ESTRELLA BLANCA

A diferencia del Valle de Casablanca, influenciado por un clima más continental, donde las temperaturas entre el día y la noche son mucho más marcadas, en San Antonio casi no existen barreras para el accionar del viento. Esta constante brisa marina, que se hace sentir con fuerza durante las tardes, mantiene bajo control los rendimientos de las plantas –imposible pensar en un negocio de grandes volúmenes-, pero, por contrapartida, también los cuadros de heladas y enfermedades fungosas. Estas características han obligado a sus productores a enfocarse en segmentos superiores de precio, impidiendo que se diluya su bien ganado prestigio.

En sus terrazas de granito, erosionadas por el paso del tiempo y la constante brisa del mar, se pueden esculpir vinos de sinigual fuerza y carácter, pero entre ellos el Sauvignon Blanc ha sabido ubicarse y mantenerse en una posición de avanzada. Con casi 1.200 hectáreas plantadas, sin duda es la cepa más extendida y consistente. Dependiendo de su cercanía al mar, exposición y porcentaje de arcilla en los suelos, ha desarrollado una personalidad tan atractiva como multifacética, pero siempre marcada por sus exuberantes notas cítricas y de hierbas, tonos minerales y a veces avasalladora profundidad.

Tal vez el Sauvignon Blanc más emblemático del valle, el más reconocido y reconocible, es Casa Marín Cipreses Vineyard. Proveniente de uno de los cuarteles más fríos de Lo Abarca, a tan sólo 4 kilómetros del océano, este vino impresiona por sus notas de pólvora y asombrosa verticalidad. Es la más pura expresión de una búsqueda por resaltar las características de un terroir extremo y que se ha convertido en todo un referente para la nueva generación de blancos que empuja, cada vez con mayor fuerza, la categoría chilena en el mundo.

Otro ejemplo emblemático del valle, y que demuestra toda la versatilidad de la cepa, es Amayna Barrel Fermented de Garcés Silva. De la más templada zona de Leyda, es un vino que se desmarca de sus pares, toca otras teclas, otros registros, pero en definitiva demuestra el enorme potencial de una cepa que no nos deja de sorprender. Fermentado y con un año de guarda en barrica, este Sauvignon Blanc hace gala de su fortaleza estructural, pero siempre acompañada por una rica acidez que le permite evolucionar en botella por largos años, alcanzando nuevas y seductoras complejidades aromáticas.

Estos exitosos ejemplos han empujado a viñas tan tradicionales como Undurraga a desarrollar millonarias inversiones en el valle. Con un proyecto de 170 hectáreas, donde casi la mitad está plantado con Sauvignon Blanc, la bodega ha convertido su propiedad en un verdadero campo de experimentación. Allí no sólo se cosecha la uva para su línea de espumantes Titillum, sino además la mayoría de sus blancos de alta gama. Un caso especial es su T.H. Sauvignon Blanc de Lo Abarca. Un vino que es pura potencia e intensidad. Un costero de libro. Para atesorar.

La lista de vinos, sin embargo, es larga y mantiene un nivel inusitadamente alto, entre ellos Ventolera de Stefano Gandolini y Vicente Izquierdo –este último uno de los pioneros y más importantes productores de Leyda-, Matetic Corralillo de San Antonio, Leyda Single Vineyard Garuma de Leyda, Luis Felipe Edwards Marea de Leyda, San Pedro 1865 de Leyda, Amaral de Leyda, Anakena Single Vineyard Plot Yunco de San Antonio y Chocalán de Malvilla, proveniente de otra de las zonas más costeras del valle, emplazada al poniente de Leyda y a escasos 4 kilómetros del mar.

Tampoco podemos olvidarnos de otras viñas que han elegido las uvas de San Antonio para producir Sauvignon Blanc de un gran nivel cualitativo. Sus estrategias comerciales y enológicas, que las empujan a explorar los mejores terruños para cada variedad, han hecho posible el nacimiento de este grupo de vinos excepcionales, que han sabido mantener su calidad a través de contratos a largo a plazo, como son los casos de Valdivieso Single Vineyard de Leyda, Montes Limited Selection de Leyda, Santa Carolina Specialties Ocean Side de Leyda, Aresti Trisquel de Leyda y Aylin de Leyda.

LAS ESPECIALIDADES

Aunque el Sauvignon Blanc brilla con demasiada intensidad, eclipsando el resto de los cepajes blancos, asoman algunos muy buenos exponentes de Chardonnay, como Leyda Lot 5 y Amayna. Sin embargo, su clima costero, quizás sin la amplitud térmica necesaria para construir vinos con una importante solidez estructural, han mantenido esta cepa en un rol más bien secundario. Tal vez la nueva generación de Chardonnay, que cuentan con materiales clonales franceses y una mayor experiencia de los viticultores para manejar esta cepa delicada y de brotación temprana, terminen por taparnos la boca, mediante versiones más puristas, que profundicen en la mineralidad de los suelos, que se alejen de los tentadores influjos de la madera.

Por otro lado, cepas blancas no tradicionales en Chile, han asombrado por su tremendo carácter y alto nivel cualitativo. El Sauvignon Gris, sin la nariz extrovertida del Blanc, pero con una estructura y profundidad que en ciertos casos remece nuestro paladar, abre el abanico de posibilidades. Leyda Single Vineyard Kadú, por ejemplo, es un extraordinario referente de esta cepa que aguarda y probablemente seguirá aguardando un espacio en un mercado abarrotado de Sauvignon Blanc y Chardonnay.

Lo mismo ocurre con el Riesling, una cepa que alcanza sus mayores alturas en Rin y Alsacia, pero que aquí, en San Antonio, desenvuelve una personalidad atractiva y fresca, salina y mineral. Los vinos responden a la lógica del Nuevo Mundo, de eso no hay duda alguna, pero aportan una nueva dimensión a una cepa que merece un público mucho más amplio. Los ejemplos de Casa Marín Miramar Vineyard de Lo Abarca y T.H. de San Antonio, por nombrar algunos, tendrán que dar mucho más cuando sus viñedos se asienten y logren lidiar con la intensidad de la brisa marina.

Algo similar sentimos con el Gewürztraminer. En la mayoría de los valles chilenos, incluso en aquellos más costeros, desarrolla un carácter un tanto empalagoso, cansador, sin la acidez suficiente para contrastar el intenso dulzor de sus perfumes. Sin embargo, vinos como Matetic Corralillo y Chocalán de Malvilla, van por el camino correcto, encontrando el justo medio, cierta convincente y atractiva templanza.

TINTOS EXTREMOS

Pero San Antonio no sólo vive de blancos. Los tintos de ciclo de madurez corta también tienen mucho que decir, especialmente el Pinot Noir. En este valle se producen algunos de los mejores exponentes chilenos. La proximidad del mar, y esos suelos arcillosos que aportan estructura tánica, permiten la elaboración de vinos con un muy buen balance entre fruta fresca y peso en boca.

Leyda Lot 21 de Leyda, Undurraga T.H. de Leyda y Anakena Single Vineyard Plot Deu de Leyda, son excelentes ejemplos de un estilo donde manda la fruta roja, la intensidad y profundidad de sabores, alejándose de las mermeladas, de esa raza más madura de Pinot Noir, muchas veces sobrepasada por la madera, que pareció mandar en las estanterías del Nuevo Mundo.

También asoman algunos interesantes Syrah que enamoran con sus cuerpos gráciles y firmes, salpimentados y verticales. Las condiciones climáticas son un tanto extremas para esta variedad tinta, quizás más acostumbrada al calor de lo valles interiores, por lo tanto son más bien escasos y probablemente continuarán siéndolo en el valle. Sus bajos rendimientos, pese a que estamos ante una de las cepas más vigorosas del universo, merman los márgenes de rentabilidad y obligan a los productores a mantenerlos como un vino de especialidad, quizás una rareza, pero que sin duda engrosa la marca, la diversidad y el prestigio del valle.

El caso más célebre es, sin duda, Matetic EQ. Proveniente de un viñedo con suelos más bien arcillosos, y protegido por esos ondulantes lomajes del fundo El Rosario, este vino no sólo fue un pionero en San Antonio, sino inauguró la categoría de Syrah costero en Chile. A partir de su primera cosecha en 2001, dio un golpe a la cátedra con un su fresca y especiada personalidad, firmeza en boca y asombrosa profundidad de sabores.

El ejemplo de Matetic fue seguido en el resto de los valles costeros, como Casablanca y Limarí, donde esta cepa se ha convertido en una de las más atractivas banderas vitivinícolas, pero también cuenta con sobresalientes versiones entre sus vecinos, como Casa Marín Miramar Vineyard de Lo Abarca, Amayna de Leyda y Undurraga T.H. de Leyda.

Con el Sauvignon Blanc como punta de lanza, la consistencia del Pinot Noir y algunos vinos de especialidad que complementan y enriquecen los portafolios, su vitivinicultura está ya muy lejos de ser una locura, una extravagancia, una aventura riesgosa, sino una apuesta más bien segura para los que buscan una sana y equilibrada ecuación entre calidad superior y rendimientos aceptables. El futuro del valle es blanco y tinto, pero lleno de sorprendentes matices. El futuro del valle depende de San Antonio. Del agua.


martes, 30 de julio de 2013

10 mezclas más exóticas

¿Un acto de emancipación frente al Viejo Mundo o simplemente o un uso de los espacios de libertad? Las mezclas de cepajes ganan cada vez más terreno en el portafolio chileno, buscando un sello propio, quizás una nueva identidad.

El Nuevo Mundo es sinónimo de novedad, mestizaje, libertad. Y los enólogos se lo han tomado a pecho. Sin las ataduras de las apelaciones europeas, pueden hacer y deshacer, mezclando abiertamente distintas cepas, valles y regiones. Lo que partió como un acto de rebeldía frente a los productores tradicionales –emancipación, si se quiere-, fue convirtiéndose, casi por inercia, en una estrategia diferenciadora, donde el concepto de innovación juega un rol preponderante.

Pese a que en Chile existía la tradición de ensamblajes franceses, como los populares vinos Burdeos o Borgoñas, en la década del noventa, durante el boom de sus exportaciones, el país se dio a conocer al mundo como un exportador de monovarietales, entre los cuales el Cabernet Sauvignon tenía un poder casi hegemónico.

Hace algo más de una década, sin abandonar la filosofía monovarietal, los productores volvieron a impulsar las mezclas, intentando un camino nuevo que refrescara sus monotemáticos portafolios. Pero, a diferencia de los vinos de apelación, donde el origen manda sobre los cepajes, los componentes de mezcla eran destacados con nombre y apellido en las etiquetas.

Aunque estos vinos respondían a la lógica comercial del Nuevo Mundo, la mayoría continuó siendo fiel a la herencia bordelesa, ensamblando principalmente Cabernet Sauvignon, Merlot, Carmenère y/o Cabernet Franc. Sin embargo, a partir de la introducción de la Syrah a finales de los 90, de su rápida y exitosa adaptación a las condiciones edafoclimáticas chilenas, el proceso terminó por liberalizarse por completo.
Con cierto arrojo –o impudicia, bajo los criterios europeos-, los enólogos mezclaron cepajes de Burdeos y Ródano. De ahí en adelante los límites fueron sólo la imaginación o el talento de los productores, quienes barrieron con todos prejuicios y, al mismo tiempo, con muchos siglos de historia vitivinícola.

Si bien las mezclas son cada vez más relevantes en la oferta chilena, y hoy concentran la mayoría de las medallas de oro en los concursos internacionales –ver Ranking VITIS Magazine, edición Nº 49-, la enología ha llegado a un punto de equilibrio, quizás de madurez, donde ya no es importante sorprender por sorprender, sino que los vinos deben obedecer a cierta lógica, a criterios que van más allá de una necesaria –y a veces desesperada- búsqueda de originalidad.

Hoy algunas viñas crean versiones muy bien logradas de mezclas mediterráneas. Otras reactualizan y llevan a una nueva dimensión los ensamblajes bordeleses. Las mezclas blancas del Ródano. Del Loira. Del Rin. Rescatan del olvido cepas tradicionales, históricas o fundacionales. Cofermentan. Experimentan. Buscan, a través del mestizaje, una nueva emancipación y, por qué no, tal vez una renovada identidad.

Esta nueva generación ya no teme a la diversidad. Perdió la timidez. Habla con seguridad de distintos cepajes, de distintas tradiciones, pero sin obviar que las variedades tienen que potenciarse unas a otras, que el todo, en definitiva, tiene que ser más, mucho más que las partes.

ANAKENA ONA WHITE BLEND 2011

Proveniente del viñedo Las Brisas de Leyda, este vino reúne tres tradiciones vitivinícolas: Riesling, Chardonnay y Viognier. Notas tropicales, de damascos maduros, flores blancas y ciertos toques minerales. Su carácter es dulce, extrovertido, pero apoyado por una firme acidez.

CASA SILVA QUINTA GENERACIÓN WHITE BLEND 2010

Está mezcla de diferentes microterroirs colchagüinos es ya un clásico de la casa: Sauvignon Blanc, Chardonnay, Viognier y Sauvignon Gris. Cuatro cepas que proyectan aromas florales y de frutos blancos, con tonos gourmand aportados por su paso por barrica. Es un vino jugoso y extremadamente redondo.

RAMIRANA GRAN RESERVA SAUVIGNON BLANC / GEWÜRZTRAMINER 2012

Este vino nace en la zona de Lolol y está compuesto por 70% de Sauvignon Blanc y 30% de Gewürztraminer. En nariz es goloso y entretenido. Resaltan sus notas de pomelo rosado, chirimoya y azahares. Marcado por una añada más bien cálida, es una mezcla untuosa, firme, que invita a comer.

BOTALCURA DELIRIO SYRAH / MALBEC 2012

Proveniente de Pencahue, una de las zonas más cálidas del Maule, esta delirante mezcla es pura intensidad y estructura frutal. Con 60% de Syrah y 40% de Malbec, nos engolosina con sus violetas, moras, cerezas negras y frutos secos. Con su personalidad elocuente y generosa.

CASAS DEL BOSQUE GRAN ESTATE SELECTION 2009

Nace en una de las zonas más frescas de Casablanca y no traiciona su origen, sino más bien profundiza en la fría lógica del Pacífico. Compuesto por 91% de Syrah y 9% de Pinot Noir, una selección de los mejores cuarteles tintos de la casa, el vino es un turgente monumento a los frutos silvestres, como grosellas y maquis, complementados con tonos florales, cuero y pimienta.

ESTAMPA GOLD 2009

Esta viña colchagüina nació como la viña de los ensamblajes. Y persiste en su apuesta diferenciadora, mezclando uvas de sus campos de Marchigüe y Palmilla, mezclando Syrah, Cabernet Sauvignon, Merlot y Malbec. Es un vino de alma golosa y taninos inquietos. Con atractivas notas de frambuesa, murtilla y especias dulces.

MIGUEL TORRES CONDE SUPERUNDA 2009

Fiel a su carácter transnacional, este conde ensambla cepajes españoles y franceses (chilenos, por adopción), simbolizando el encuentro entre ambos mundos. Cabernet Sauvignon, Carmenère, Monastrell y Tempranillo, conforman una mezcla compleja, generosa y profunda, regalándonos notas cárnicas, de frutos silvestres, ciruelas secas y harina tostada.

MORANDÉ VIGNO 2010

Con 78% de Carignan, 18% de Syrah y 4% Chardonnay, es uno de los mejores representantes de la cofradía Vignadores de Carignan. Y sin duda el más extravagante. Un vino que refleja el carácter campesino del secano de Loncomilla y su patrimonio de vides antiguas, pero... con un porcentaje de Chardonnay que aporta una femenina jovialidad y alegría.

TERRAMATER UNUSUAL 2010

Una mezcla inusual, sin duda, pero también un vino que representa un homenaje al espíritu pionero e innovador de la familia Canepa en Isla de Maipo. Proveniente de su fundo Caperana, este tinto está compuesto por 65% de Cabernet Sauvignon, 20% de Shiraz y 15% de Zinfandel. Un tinto maduro, licoroso, con una madera que no es simple comparsa.

LAPOSTOLLE BOROBO 2010

Francesa en esencia, Lapostolle deja claro que es chilena de nacimiento, mezclando sin tapujos cepajes originarios de Burdeos, Ródano y Borgoña, valles de Apalta, Cachapoal y Casablanca, y uvas Carmenère, Cabernet Sauvignon, Syrah y Pinot Noir. Un vino que desconcierta gratamente. Que despeina la tradición francesa. Que firma una declaración de principios.