lunes, 14 de julio de 2014

El rererenacer del Tokaji

Con un portafolio más diverso, donde irrumpen profundos blancos secos, los vinos de la región de Tokaj una vez más se reinventan, intentando reverdecer viejos laureles y sintonizar mejor con la nueva generación de consumidores.
“No producimos vino de postre, sino Tokaji”, así es de enfático el enólogo Péter Mólnar, gerente general de la bodega Patricius, miembro activo del movimiento Tokaj Rennaissance, agrupación que se formó en 1995 para rescatar, proteger y promocionar los vinos de una de las regiones más antiguas y únicas del mundo.

Estamos sentados en el Bock Biztró de Buda, uno de los lugares más trendy de la nueva escena gastronómica húngara, frente a un grupo de copas doradas que hablan de un pasado glorioso, pero también de un futuro tan incierto como esperanzador. Estos vinos que en 1772 inauguran el concepto de denominación de origen –adelantándose algunas décadas a Porto y más de 120 años a Bordeaux–, han ensamblado mitos e historias que se (con)funden para reinventarse una vez más en los mercados internacionales, exigiendo un espacio que les fue arrebatado por las tensiones de las casas reales, la plaga de la filoxera, las guerras mundiales y, sobre todo, por las décadas de comunismo.

Este vino dulce es hijo del azar, un milagro de la naturaleza, pero también fruto de una tradición vitivinícola que se autoimpuso normas de producción para velar por la historia y calidad de sus vinos. Cuando Máté Sepsy Laczkó, enólogo y capellán de los Rákózis, no pudo cosechar sus viñas ante la inminente amenaza turca, no sólo estableció los criterios para producir los primeros vinos botritizados o de podredumbre noble, sino además una leyenda que ha permanecido viva hasta nuestros tiempos, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 2002.

Su historia está llena de mitos y anécdotas que envuelven este vino que endulzó por siglos las intrigas palaciegas. Luis XIV bautizó a los Tokaji como “vino de reyes, rey de los vinos”; Pedro El Grande envió cosacos para proteger su producción y libre tránsito de los barriles hasta San Petersburgo; fue permanente fuente de inspiración de compositores y escritores como Beethoven, Liszt, Schubert y Goethe –lamentablemente, también de Hitler-; y, por supuesto, un dulce y efectivo vehículo diplomático. Recordemos que Francisco José, emperador del imperio Austro-Húngaro, enviaba a la reina Victoria 12 botellas de Tokaji Aszú para conmemorar cada año de su vida. En 1900, cuando la reina celebraba sus 81 años, recibió nada menos que 972 botellas.

Pero fueron las décadas de comunismo las que finalmente cambiaron la fisonomía de la región de Tokaj-Hegyalja. La sed inconmesurable del imperio soviético obligó a los bodegas a producir litros y más litros, mermando o sencillamente acabando con su tradición por la calidad. Con la excepción de pequeños lotes para consumo familiar, los productores de Tokaji centraron sus esfuerzos en cepajes más productivos como Zéta –cruce de Furmint y Bouvier, conocida también como Oremus-, los que eran vinificados en grandes e impersonales bodegas.

Sólo con la caída de la llamada cortina de hierro en 1990, las bodegas pudieron recuperar su tradición histórica. “Fue un renacimiento después de 40 años de siesta”, sostiene Péter Mólnar. Muchas de estas bodegas estaban destruidas económicamente, por lo tanto los capitales extranjeros no se hicieron esperar demasiado, como la española Vega Sicilia (Oremus), el grupo francés AXA (Disznoko) y Royal Tokaji Company, que cuenta entre sus socios con el legendario escritor de vinos Hugh Johnson.

A pesar del entusiasmo de los grupos extranjeros -quizás un excesivo entusiasmo-, hoy no es para nada sencillo comercializar Tokaji Aszú o vinos de podredumbre noble. Sus altos precios, y un mercado cada vez más infiel y competitivo, han obligado una vez más a las bodegas de Tokaj a reinventarse. Actualmente el principal objetivo es ofrecer un portafolio más diverso y equilibrado, empujando también los vinos secos como un nuevo estandarte regional.

Así quedó demostrado hace algunos meses, en la segunda subasta organizada por la Confrérie de Tokaj. Pese a que los números hablan de un crecimiento de un 34% en valor respecto al año anterior, totalizando ventas por 90.000 euros, no menos de un tercio correspondió a una barrica de 137 litros de un vino seco producido por la leyenda de la enología húngara István Szepsy: Nyulászó ‘58’ Furmint 2013.

UN LUGAR ÚNICO

Ubicada al noreste de Budapest, la región de Tokaj-Hegyalja está conformada por el mágico y violento encuentro de las planicies con la cadena montañosa de Zemplén. En total son casi 6 mil hectáreas, donde los mejores viñedos se encaraman sobre lomajes que apuntan hacia el sur, sobre un subsuelo de toba volcánica que imprime un sinigual tono mineral a sus vinos.

Su clima es continental, con veranos calurosos y fríos inviernos, en los cuales las temperaturas bajan largamente de los 0º C, cubriendo los viñedos de nieve durante meses. El milagro de su viticultura se produce en otoño. Entonces la influencia de los ríos Tisza y Bodrog es crucial. Una espesa capa de neblina se entromete en las hileras durante las mañanas, mientras la aparición del sol en las tardes posibilita la irrupción de la botrytis cinérea o podredumbre noble en las bayas, creando las condiciones perfectas para producir Tokaji Aszú.

Los granos, envueltos por estos hongos microscópicos, concentran sus aromas y sabores, pero conservando casi intacta su acidez. Este ritual de la naturaleza, que Máté Sepsy Laczkó supo normar y convertir en una tradición, ha cimentado el prestigio de los vinos húngaros, extendiendo su relación fortuita y compleja con la naturaleza. “Estamos en las manos de la naturaleza. Todos los años los bodegueros deciden si sus vinos serán secos o dulces”, explica el gerente general de Patricius.

Hoy, a pesar de los vaivenes de los mercados, los Tokaji Aszú son considerados los más sublimes vinos dulces del mundo gracias a su historia, pero además a su incomparable relación azúcar-acidez. Con variedades indígenas cultivadas por siglos como Furmint –que cubre el 60% de su superficie plantada-, Hárslevelû y Sárga Muskotály, producen una selección de vinos dulces y secos que buscan rerereconquistar a los paladares del mundo.

LOS CATADOS

Dereszla Tokaji Dry 2012. Este vino, que representa la nueva generación de vinos secos, está compuesto por un 85% de Furmint –fermentado en tanques de acero y barricas- y 15% de Hárslevelû, vinificado en forma reductiva para preservar su frescura. Con sólo 12,5º de alcohol, es un vino que regala tonos florales y de frutos blancos. Es pura delicadeza. Un poema de sabores.

Dobogó Tokaji Furmint 2011. Compuesto por 60% Furmint y 40% de Hárslevelû, este semidulce regala volumen, dulzura y complejidad. Con notas de cestas de lima, manzanas y peras, más tonos de flores y profundamente minerales, expresa una personalidad muy distintiva, que fue desarrollado durante dos años de guarda en barricas húngaras y francesas de 300 y 500 litros.

Füleky Tokaji Furmint 2011. Es un vino que regala exuberancia y firmeza, elegancia y profunda frescura. Notas cítricas, de flores de tilo y tonos minerales que cimentan su importante pero grácil estructura. No es Chardonnay. Tampoco Riesling. Es un milagro de la nueva generación Furmint.

Amicus Nobilis 2008. Su columna vertebral es Furmint (90%), pero con los aportes de Kövérszolo y Hárslevelû gana en expresión y complejidad. Es un vino con un 30% de uvas con podredumbre noble, que regala exuberancia y firmeza, muy bien apoyado por una madera elegante y especiada.

Samuel Tinon Szamorodni 2007. Como su nombre lo indica –Szamorodni significa “como salió” en polaco, entonces su principal mercado- es un vino hecho a la antigua, con el racimo entero. Compuesto de 90% de Furmint y el resto Hárslevelû, posee una nariz compleja, con tonos oxidativos, y notas de duraznos, frutos secos y chocolate blanco. Es boca es goloso y extremadamente suave.

Gróf Degenfeld 2004, Tokaji Aszú 5 Puttonyos. Con 150 gramos de azúcar de residual, expresivas notas de membrillos y peras, y ese toque fungoso que aporta complejidad y carácter, este Aszú es simpleza, cremosidad y balance entre azúcar y acidez. Es un vino que se deja tomar con asombrosa facilidad.

Patricius 2002, Tokaji Aszú 5 Puttonyos. Con sólo 11.5º de alcohol y 150 gramos de azúcar residual, esta mezcla de Furmint y Hárslevelû es un referente de la nueva generación de Aszú. Con sus francas y expresivas notas de membrillo, durazno y flores blancas, y con las especias y firmeza que aportan 3 1/2 años de guarda en barricas de 225 litros, dan vida a un vino elegante, cremoso y redondo.

Erzsébet Pince 2008, Tokaji Aszú 6 Puttonyos. Es un vino 100% Furmint y con nada menos que 186 gramos de azúcar residual, pero que no logran adormecer nuestro paladar gracias a su profunda y vibrante acidez. Es un vino reposado y con gran potencial de guarda, que exhibe expresivas notas de damasco, durazno, confitura de naranja, tabaco, clavo de olor y chocolate amargo. Un vino de un gran balance.

miércoles, 9 de julio de 2014

10 Sauvignon Blanc que rompen fronteras

Aunque es la estrella blanca de la vitivinicultura chilena, un puntal de sus exportaciones durante la última década, esta cepa no se cansa de sorprender, subiendo peldaños cualitativos, revelando nuevas capas gustativas, mostrando distintas personalidades, de norte a sur y de cordillera hasta el mar.
En tan sólo algunas décadas, el Sauvignon Blanc se ha convertido en todo un emblema, en una estrella solitaria, en uno de los pilares estratégicos de la vitivinicultura chilena. Junto al Cabernet Sauvignon, no sólo representa el poderoso ying-yang de nuestras exportaciones –no olvidemos que ambos cepajes mantienen una relación filial–, sino además ha sabido adaptarse con naturalidad en los distintos valles, especialmente los costeros, haciendo gala de una tremenda consistencia y, sobre todo, de una asombrosa capacidad para reflejar los atributos de los diferentes terruños.

Aunque algunos insisten en que Chile es un país de tintos, el Sauvignon Blanc, con sus ropajes pálidos y ácidos humores, ha sabido imponerse frente al mismísimo Chardonnay e incluso sobre tintos como Carmenère y Merlot, en volumen y en la consistencia de su oferta. Aquella deuda que mantenían los productores aún durante la década del 90, cuando la balanza entre tintos y blancos era insostenible, hoy no sólo ha sido reconocida frente a la comunidad internacional, evitando caer en la deshonra del default, sino además está pagándose con generosos intereses.

Según los datos de la última edición del Catastro Vitícola Nacional, los cepajes blancos concentran alrededor de 34 mil hectáreas, de las cuales nada menos que 14 mil corresponden a Sauvignon Blanc. Si bien más de la mitad de sus viñedos se encuentra en la VII Región, principalmente en el Valle de Curicó, es en la región de Valparaíso donde ha alcanzado sus mayores precios y reconocimientos. En Casablanca y San Antonio-Leyda, por ejemplo, se ha convertido en el principal puntal productivo, obligando a sus viñas a ir cada vez más allá en términos de ambición, buscando año a año nuevos estilos y peldaños cualitativos.

Si bien en la última década Chile ha sabido convertirse en un referente mundial del Sauvignon Blanc, entregando frescura y consistencia a los mercados, hoy vive una etapa de consolidación. La loca competencia por profundizar en su acidez ya se ha vuelto banal y redundante. Los valles costeros han demostrado con creces su vocación por los pHs bajos. Hoy necesitan aquietarse. Reencontrar su justo medio. Reinventarse para conseguir nuevas capas gustativas y una mayor templanza en su relación azúcar / acidez. Mediante cosechas diferenciadas, fermentaciones menos reductivas y en algunos casos con el uso de contendores de roble, los vinos ya no sólo deben impresionar por su profundidad, sino además por un carácter más complejo y multidimensional.

No hay duda: el Sauvignon Blanc ha permitido redescubrir el potencial de los valles chilenos desde Elqui hasta Malleco. A través de notas de ají verde, pólvora, hojas de tomate, tomillo y albahaca, cáscara de limón y pomelo rosado, piña fresca, melón tuna y fruta de la pasión, podemos recorrer el país de norte a sur y de la cordillera hasta el mar. Pensábamos que había encontrado su paraíso terrenal junto a las olas, pero en la precordillera o en el sur profundo, en esos suelos negros de cenizas volcánicas, parece decirnos que la búsqueda aún no ha acabado, que puede volver a sorprendernos con una nueva y atractiva personalidad, que puede continuar rompiendo fronteras.

Arboleda 2013

Con plantaciones de 2005, sobre suelos de pizarra –una excentricidad en los valles chilenos– este Sauvignon Blanc no sólo inaugura la apelación Aconcagua Costa, sino además una nueva raza de vinos que se caracteriza no sólo por su frescura, sino también por su multiplicidad de capas aromáticas y notable peso en boca. En este representante de Chilhué encontramos fruta cítrica y mineralidad, pero también la dulzura del trópico, muy bien aderezada con pimienta blanca y hierbas aromáticas.

Ribera del Lago Cenizas de Barlovento 2013

En este laberíntico viñedo que apunta al sur-poniente, un cuartel de apenas 2 hectáreas que circunda el lago Colbún, nace este Sauvignon Blanc de altura, extremo y profundamente maulino. Con una exposición más fresca y suelos más negros que su mellizo Arcillas de Sotavento, este vino impresiona por su estatura y profundidad en boca. Aquí hay mineralidad e intensos sabores cítricos, pero, por sobre todo, elegancia, poder y un insospechado potencial de guarda.

Aquitania Sol de Sol 2013

Costó que arraigaran las plantas, pues el viento sur que sopla en Traiguén no da tregua a una viticultura que se abrió paso entre los trigales. Pero, siguiendo la saga de Sol de Sol Chardonnay, este Sauvignon Blanc impone respeto desde su mismísimo debut. Fermentado y criado en barricas durante tres meses, es sinónimo de jugosidad y firmeza. Con un acento mineral que complementa sus marcadas notas cítricas, se abre paso en boca con una sinigual mezcla de poder y delicadeza.

Casa Silva Lago Ranco 2013

Es uno de los viñedos más australes de Chile –a más de 900 kilómetros al sur de Santiago– y seguramente el más hermoso. Ubicado en la comuna de Futrono, en una ladera que cae suavemente sobre las aguas del lago Ranco, este Sauvignon Blanc debuta con sus aromas de lima, pera, ají verde y hierbas frescas. Es un vino que nos transporta a los bosques húmedos sureños, que nos hace sentir que estamos rodeados de robles, canelos y arrayanes.

Estampa Del Viento 2013

Entre lomas que suben y bajan frente a la costa, este Sauvignon Blanc nos seduce con una rica combinación de fruta madura y firme acidez. A pesar de la juventud de sus parras –el viñedo fue plantado en 2010–, es un vino que logra un interesante registro aromático, desde cestas de pomelo rosado hasta tonos dulces de mango y maracuyá. Es el más joven de los representantes de Paredones, esta pequeña gran denominación que ha sabido refrescar el porfolio de colchagüino.

San Pedro Castillo de Molina 2013

A unos 20 kilómetros de la costa nortina, pero en un callejón fluvial sin obstáculos para el viento, este Sauvignon Blanc del Valle del Elqui nos asombró desde su primera cosecha por su tremendo carácter. Con una columna vertebral de sabores cítricos, acentos minerales e inusuales notas de ají verde, este vino regala acidez y una personalidad tan atractiva como reconocible. En la antesala del desierto, llegó para sorprender y marcar tendencia.

Casa Marín Cipreses Vineyard 2013

Este vino marcó un antes y después. A sólo 4 kilómetros del mar, en la linda denominación de Lo Abarca, este Sauvignon Blanc rompió los moldes con sus sabores de piedras fulminantes y estructura vertical y filosa. Como todo terroir extremo, refleja notablemente las características de las añadas, y en este caso se deja llevar por los ánimos de una temporada más fresca que la 2012, permitiéndole demostrar sus mejores atributos, toda esa fuerza y profundidad que lo ha convertido en un ícono de su categoría.

García + Schwaderer Marina 2013

En el campo de Santa Rosa, en uno de los sectores más frescos de Casablanca, cobra vida este Sauvignon Blanc que no deja aspecto alguno al azar. Mezcla de clones franceses, de notas de hierbas, florales y dulces, este vino es pura concentración y redondez. Pese a sus 12,5º de alcohol, llena la boca con sus trazos profundos y envolventes, invitándonos a la mesa. A disfrutar de los intensos sabores marinos.

Amayna Barrel Fermented 2010

Fue un pionero. Quizás un incomprendido. Cuando la tendencia en Chile era el acero y vinificaciones reductivas, Amayna se atrevió con este Sauvignon Blanc fermentado y criado en barricas de roble, la mayoría de ellas de primer uso. Dulce y estructurado. Frutal y tostado. Sin importarle el qué dirán, persistió con este vino que confunde y encanta con su peso en boca y esta curiosa mezcla de confites, pero envueltos en una firme y rica acidez.

Calyptra Gran Reserva 2010

No parece chileno, pero sí lo es. A casi 900 metros de altura, en plena precordillera de Cachapoal, nace este Sauvignon Blanc hecho a la antigua, en barricas grandes de diferentes usos. Sin apuro. Sin renegar del oxígeno. Sin otra intención que hacer un vino de gran riqueza aromática, enorme estructura, que va mucho más allá del aperitivo y de los lustros. Un Sauvignon Blanc como pocos. Como pocos que deberían ser muchísimos más.


jueves, 5 de junio de 2014

El afterhour de MOVI

Después de cumplir un lustro como Movimiento de Viñateros Independientes, hoy esta asociación de pequeños productores, que ha levantada la bandera de los vinos a escala humana, se consolida como modelo asociativo, tanto en términos comerciales como de comunicación. Hoy sus vinos representan alrededor del 0,05% de las ventas chilenas en el exterior, pero su aporte a la construcción de una imagen más cercana y diversa de la vitivinicultura nacional ha sido inconmensurable.


Kim Marcus, el crítico de Wine Spectator, se despide uno a uno de los enólogos colchagüinos, luego de una concurrida y amena cata en la elegante bodega Clos Apalta. Detrás de una camioneta, rápidamente se cambia de ropa. Mucho más ligero, vistiendo unos relajados pantalones cortos y sandalias, parte rumbo al sur a reunirse con el Movimiento de Viñateros Independientes (MOVI), ante la mirada de preocupación de algunos representantes de Wines of Chile, quienes se preguntan dónde dormirá este hombre que, con la despótica escala de 100 puntos, puede levantar o dejar caer a los vinos chilenos.

Estas dos realidades, estos dos Chiles, como los desmembró el británico Neal Martin, ya han convivido durante cinco años, desde que un grupo de 12 pequeños productores, la mayoría de ellos enólogos, decidiera fundar su propio movimiento, alejándose lo más posible de lo que ellos llamaron una “industria cómoda, despersonalizada y tecnologizada”.

Esta declaración de principios, o derechamente de guerra, levantó una polvareda infernal que aún está lejos de disiparse. No sólo molestó al establishment vitivinícola por gritar a los mil vientos una sentencia que muchos murmuraban o discutían en privado –los trapos sucios se lavan en casa, es una de nuestras máximas-, sino además sacudió a un sector monolítico y orgulloso de haber fundido, después de muchos años, las asociaciones de Vinos de Chile y Chilevid.

Si bien los outsiders siempre convocan la simpatía de las masas, al interior de la industria, como nos empeñamos en seguir nombrándola, sólo despertaron suspicacias. Los dirigentes de MOVI estaban en una encrucijada: se alineaban con Vinos de Chile o profundizaban en sus diferencias. “En un primer momento, es verdad, quisimos distinguirnos de la industria para poder darnos a conocer. Eso fue durante los dos primeros años. Muchos se molestaron porque no usábamos pantalones caqui y camisa celeste”, se ríe Felipe García, director de MOVI y propietario de García Schwaderer.

Este movimiento, que levantó la bandera de los vinos a escala humana, supo reactualizar con éxito el mito de David y Goliath, probar que el camino de la asociatividad es posible e instalar el nombre de sus vinos en el imaginario de la crítica local e internacional. “Fuimos ingenuos con el discurso. Su impacto fue enorme. No pensamos que se generaría tanto ruido. Existió, y aún existe, un miedo injustificado de una industria tradicional, que generó una imagen de nosotros que no corresponde, como de activistas que andamos con spray rayando cubas. Nosotros no estamos contra la industria. Estamos construyendo sobre lo que ha hecho ella durante décadas. Simplemente nos paramos en los hombres de un gigante. Queremos trabajar con Wines of Chile. No tirarle piedras. Nos interesa más Chile que nuestros vinos”, sostiene Sven Bruchfeld, enólogo y socio de Polkura.

Para Sven Bruchfeld, ambas estructuras pueden convivir en forma paralela y potenciarse unas a otras. Sin embargo, el problema, según su visión, está radicado en los bandos medios de las viñas. “Puede que les interese el futuro de Chile como categoría, pero están más preocupados de los resultados a corto plazo”, afirma. Este apremio, esta presión por la venta, los hace mirar con sospecha cada vez que los Kim Marcus se cambian de ropa y arrancan con rumbo desconocido.

Pero después de un lustro desde su fundación, MOVI tiene un discurso más propositivo y conciliador. Esta imagen de los desordenados del curso, de revoltosos y contestatarios, dio paso a una asociación gremial con todas sus letras, con una consolidada estructura comercial y de marketing, que ya no se siente remando contra la corriente, sino como un estamento más que aporta a la diversidad de una industria que necesita con urgencia un nuevo impulso para posicionarse de mejor forma en los mercados internacionales.

“MOVI is open to work with any and all. We want to contribute to make more of the Chilean trade. Sure many have spoken ill of us in hopes that their misrepresentation would be accepted as fact, but in truth we have not been negative, and we have only contributed. The trouble is some feel that in our efforts to make a space for ourselves, we are taking away a space of theirs. This just isn’t true. It is as if they still believe in zero sum theory (where every new bottle sale by winery A results in a loss of a bottle sale in winery B.) This is as preposterous as it is idiotic. We simply have to believe in a greater plurality within the trade. This idea that a select few "own the trade”, is being projected to visitors from outside with great aplomb all the time and it is asinine. It makes Chile look silly in front of the press”, explica Derek Mossman, socio de Garage Wine Co.

EL VALOR DE LA ASOCIATIVIDAD

Hoy MOVI cuenta con 18 socios y muy pronto se sumarán otros más. Su cultura organizacional es bien simple. A diferencia de Wines of Chile, donde las viñas aportan e influyen proporcionalmente a su tamaño o número cajas exportadas, su espíritu es más bien cooperativista. Todos sus miembros tienen un voto y sus actividades se financian mediante las cuotas sociales. “Así hemos evangelizado a los líderes de opinión del mundo del vino, con muchísimo más esfuerzo que recursos”, dice Sven Bruchfeld.

Las actividades de promoción, tanto en Chile como en el extranjero, las realizan de mutuo acuerdo. Como los presupuestos son también “a escala humana”, se turnan para organizar las catas y giras promocionales. “Contamos con un kit de degustación y cada socio es capaz de presentar los vinos del resto como si fueran los suyos”, explica el enólogo de Polkura. Así se han paseado por el mundo y llamado la atención de los gate keepers, logrando puntajes tan relevantes como el de Trabún, elegido por el último informe de The Wine Advocate como el mejor vino chileno.

La participación o no en ferias, como también los esfuerzos comerciales, obedecen a decisiones individuales. Cada productor se rasca con sus propias uñas, independientemente de que muchos de ellos comparten importadores en algunos mercados, surtiendo los portafolios como si fueran una sola gran compañía. “MOVI learned early on that it was okay, in fact good business to share an importer with another Chilean winery whether a MOVI or not. Instead of wineries buying in liters (far from their specialty) to satisfy a customer’s need, why not find a winery that specializes in that kind of wine and work together to grow the category of Chile within the importers listings each with their one niche”, explica Derek Mossman.

De acuerdo con Felipe García, la asociatividad es la clave para el futuro. “Es un proceso súper complejo compartir en un país que no está acostumbrado a hacerlo, sobre todo con recursos súper limitados, pero aún así hemos sido capaces de llegar a lugares impensados”, afirma.

Courtney Kingston, propietaria de la viña que lleva su apellido, confiesa que su ingreso a MOVI el año pasado le ha cambiado la vida. Antes se sentía un poco huérfana en el mundo vitivinícola. Ahora no sólo cuenta con una gran plataforma comunicacional para dar a conocer sus vinos, sino además comparte con sus pares las mismas inquietudes y desafíos, entrega y recibe asistencia comercial, datos de proveedores de insumos enológicos y un constante apoyo técnico y humano. “Ahora tenemos voz. Es otro mundo”, afirma Courtney.

Para MOVI el capital humano es su mayor fortaleza, es cierto, pero también puede convertirse en su talón de Aquiles. Para que el modelo funcione, sus miembros tienen que estar permanentemente motivados y dispuestos a relevar a sus voceros o viajeros frecuentes. Este compromiso por el trabajo asociativo es fundamental para la permanencia y proyección del movimiento. “Hemos logrado mucho más de lo que hubiéramos hecho individualmente. Pero nos falta para ponernos los pantalones largos. De usar hot pants pasamos a las bermudas”, sonríe Sven Bruchfeld.

Dentro de esos logros, que han validado a MOVI como asociación gremial e interlocutor válido en el sector, sin duda están haberse sentado en la llamada Mesa Vitivinícola, donde el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) explora y coordina las futuras regulaciones del sector. “MOVI has achieved several things on behalf of all smaller wineries including a document of exportation with an unlimited expiry so one can take the 2-3 years necessary to sell a fine wine. This benefitted all. Today MOVI is pushing for the recognition of more varieties previously without mechanism to be included by the SAG. In this way wineries wishing to work with less mainstream varieties can do so”, explica el socio de Garage Wine Co.

Sven Bruchfeld agrega que la asociatividad es el único camino posible para poner en valor a los vinos chilenos en el exterior, pero para que estos proyectos sean rentables hay que tomar riesgos, jugársela por la innovación. “Ojalá existieran más MOVIs, más Vignadores de Carignan, más Chanchos Deslenguados… Ojalá algún grupo de enólogos levantara la bandera del Syrah… Ojalá se formara un club del Carmenère… Ya no hay que convencer a nadie sobre la repercusión que pueden tener estos movimientos y la enorme contribución que pueden hacer a la imagen-país, mostrando un Chile más real, diverso y entretenido”, sostiene.


LOS MOVILIZADOS


Cuando irrumpió MOVI con su contestataria declaración, sin duda fue una bocanada de aire fresco para una industria que permanecía algo dormida. Sin embargo, esa misma fuerza discursiva no se tradujo en el contenido de las botellas. Algunos periodistas pedían más riesgo e irreverencia en sus vinos. Pero, como explican sus socios, el objetivo del movimiento no es elaborar vinos naturales, ancestrales o extremos. Su propuesta es simplemente hacer vinos a escala humana, donde sus propietarios estén involucrados en toda la cadena de valor, desde la producción de uvas hasta la comercialización de sus etiquetas. Bajo este concepto, los vinos de MOVI representan toda la diversidad de orígenes y estilos chilenos a pequeña escala, presentándose al mundo a través de una puesta en escena suelta, entretenida y original, hoy dividida en tres categorías: The New Chile (vinos que provienen de las nuevas fronteras de la vitivinicultura chilena); Classic Reloaded (nuevas interpretaciones de vinos clásicos o tradicionales); Old is the New New (vinos que rescatan y proyectan nuestro valioso patrimonio de vides antiguas).

THE NEW CHILE

Kingston Cariblanco Sauvignon Blanc 2012


Proveniente de la parte Oeste de Casablanca, una de las zonas más frescas del valle, este Sauvignon Blanc de la familia Kingston impresiona por su gran estatura y concentración de sabores. Con elocuentes notas cítricas y tropicales, y un lado herbal que aporta complejidad y refresca el conjunto, Cariblanco seduce con su imponente estructura y acidez. Es un vino maduro, pero extremadamente fresco y profundo, elaborado con parsimonia, naturalidad y precisión. “Embotellamos tarde y salimos tarde”, dice Courtney Kingston.

Peumayén 2010

Con viñedos plantados en 1998 en la zona de Panquehue, junto al río Aconcagua, estos productores de uva decidieron hacer su propio vino. Un tinto jugoso y frugal, elaborado en forma absolutamente artesanal y sin presiones comerciales. No tienen enólogo. Las decisiones las toma la familia y están involucrados en todo el proceso. Si no no venden el vino, se lo toman. Así de bonito.

Starry Night Syrah 2011

Se trata de un pequeño proyecto de la familia Atabales en el sector de María Pinto, en plena cordillera de la Costa del Maipo. Son apenas 8 hectáreas de Syrah y Pinot Noir rodeadas de cientos de bosque nativo. Con una vinificación artesanal, este Syrah sorprende por la ligereza, jugosidad y excentricidad de su fruta. Maduro, incluso licoroso, pero bien hecho.

Trabún 2011

El enólogo Sergio Avendaño nunca trabajó en una viña. Se dedicó a la batería y a administrar los manzanos del campo familiar en Requinoa. Hasta que decidió plantar 1,6 hectáreas de Syrah y elaborar un vino que desde su primera cosecha nos asombró por su fuerza y honestidad. Notas de charcutería, fruta negra y mucha pimienta. Frescura, equilibrio y belleza. Trabún explora y logra atrapar esta cepa en su estado más puro.

Polkura G+I Syrah 2010

Proviene de una ladera con exposición sur de los viñedos de Polkura en Marchigüe, donde el Syrah moldea su personalidad más fresca y extrovertida. Esta cosecha impresiona por su fuerza y complejidad aromática, fundiendo con mucha armonía sus notas de frutos negros, violetas y pimientas. Es un vino jugoso, estructurado, pero al mismo muy elegante. “Es lo mejor que he hecho en mi vida”, dice Sven Bruchfeld.

Lagar de Bezana Syrah 2011

Ubicado en el sector de Codegua, en el Alto Cachapoal, este proyecto de la familia Bezanilla destaca por la libertad de su equipo enológico para experimentar con distintos cepajes y estilos, profundizando en una propuesta cada vez fresca y alejada de los excesos de madera de sus inicios. En el caso de este Syrah, se sienten los vientos que bajan de la cordillera, moldeando la personalidad de un vino con mucha concentración frutal y madurez, pero al mismo tiempo con una acidez punzante y redonda.

Tunquén Malbec 2011

Marcos Attilio y Ángela Mochi, este matrimonio de enólogos brasileros, se enamoró perdidamente de Casablanca. Allí han desarrollado durante los últimos años su pasión por la gastronomía y por un estilo de vinos delicados y punzantes. Desde El Mirador, salta este Malbec jugoso y especiado, goloso y profundamente rojo. Un vino fermentado sin apuros. Para enamorarse.

CLASSIC RELOADED

Clos Andino Le Carmenère 2011


José Luis Martin-Bouquillard, quien trabajó en Veuve Clicquot, se unió a sus amigos Georges Blanck y Bertrand Couly para proyectar con sencillez, pero con toda la elegancia del know-how francés, la tipicidad de la fruta curicana. En este caso, un Carmenère que exhibe con mucha gracia su fruta roja, pero sin ocultar su fresco lado herbal. Un vino maduro, jugoso y profundo.

Rukumilla 2009

Angélica Grove y su marido Andrés Costa, actual presidente de MOVI, han convertido a Rukumilla en un proyecto familiar en el más amplio sentido de la palabra. Esta mezcla tinta, que proviene de unas pocas hectáreas en el sector de Lonquén, en el mismo corazón del Maipo, es un vino colaborativo y lo más cercano al concepto natural. Sabores de frutos rojos y tonos terrosos, cierta oxidación que aporta complejidad, en un conjunto que denota calidez y artesanía.

Flaherty 2011

Más de alguien dice que este vino debería llamarse Jen Hoover. Es que la mujer de Ed Flaherty, enólogo jefe de Tarapacá, es vital en esta mezcla de Syrah, Cabernet Sauvignon y Tempranillo, elaborado a mano en el mismísimo patio de su casa en San Felipe. ¿El resultado? Un vino que expresa la madurez aconcagüina. Amable y dulce. Sabroso y redondo. Un vino, dejémoslo ya, hecho entre dos.

Villard Grand Vin L’Assemblage 2010

Thierry Villard fue un adelantado. Fundador de la primera viña boutique moderna. De las asociaciones Chilevid y de Empresarios Vitivinícolas de Casablanca. Y hoy este francés cascarrabia pero bonachón, junto a su inquieto hijo Charly, son parte importante del movimiento independiente. L’Assemblage resume muy bien su filosofía. Un vino que reúne cinco variedades, incluido un pequeño porcentaje de Carignan, persiguiendo siempre madurez, voluptuosidad y profundidad de sabores

Von Siebenthal Toknar 2007

Liderado por el abogado suizo Mauro Von Siebenthal, este proyecto boutique de Panquehue -llamada medio en broma, medio en serio, como el Concha y Toro de MOVI por su gran producción relativa-, cautivó desde un comienzo a la prensa con la riqueza, concentración y textura de sus vinos. Con Toknar una vez más refuerza su reputación, logrando con una cepa como el Petit Verdot un vino grandilocuente. Una mole de fruta negra, especias y chocolate.

OLD IS THE NEW NEW

Erasmo 2013


Este emprendimiento del conde toscano Francesco Marone Cinzano en el secano maulino no deja de sorprender. Ahora lo hace con esta mezcla de Barbera de Cauquenes, Garnacha de Empedrado y Carignan de Melozal. Un vino minimalista, jugoso y frutal, sin un ápice de guarda en madera para preservar toda su tipicidad, frescura y potente acidez.

Meli Carignan 2012

Este proyecto de la enóloga Adriana Cerda y sus hijos expresa con honestidad todo el carácter del secano maulino. Con algo más de 10 hectáreas en Loncomilla, donde se encuentran algunos de los viñedos más antiguos de Carignan, correspondiente a plantaciones de 1949, se produce este vino macizo y de sabores agrestes. Profundamente rústico y delicioso.

Gillmore Merlot 2008

La familia Gillmore es pionera en la producción de Carignan en Chile. Esta cepa, que reescribió el futuro del secano maulino, comparte en Loncomilla con otras cepas que absorben el carácter de la tradición de los hombres de rulo. En este caso, con un Merlot firme y potente, con expresivas notas de frutos negros, especias y flores silvestres. Elaborado por el enólogo Andrés Sánchez, estamos ante un Merlot que se las trae.

Garage Lot 28 2010

Pilar Miranda, Derek Mossman y Álvaro Peña, dan vida a Garage Wine Co, un proyecto terroirista y sin complejos, que busca expresar con fidelidad la fruta de sus lotes, sin artificios ni dobleces. Con bases en Maipo Alto y el secano del Maule, producen vino sabrosos y honestos, como este Cabernet Franc de altura, con marcadas notas de moras, flores, hierbas, tierra húmeda y un tono mineral que aporta complejidad y emoción. Sin duda uno de los mejores Cabernet Franc chilenos.

Facundo 2011

Comparten su vida, el gusto por comer y beber bien, y la pasión por hacer vinos. Los enólogos Constanza Schwaderer y Felipe García debutaron en 2006 con Facundo, el primer vino de la familia. Esta mezcla tinta, cuya base es Carignan del Maule y Cabernet Sauvignon del Itata, más aportes de Cabernet Franc y Petit Verdot, representa su filosofía de elaborar vinos concentrados, pero al mismo tiempo vivaces y profundos, que invitan a poner la mesa y descorcharlos junto a grandes recetas.

Armidita 2012

Aunque el Pajarete es una de las denominaciones chilenas más antiguas, su producción se mantuvo a nivel local, enclavada en el valle del Huasco. Sin embargo, este vino dulce en base a Moscatel resurge como el ave fénix a través de productores como Armidita. Con una vuelta más moderna, preservando los sabores frescos de sus frutos blancos y flores, este vino es un patrimonio y un muy buen final de fiesta.

ALGUNOS NÚMEROS DE MOVI

Socios actuales: 18 productores.
Cajas producidas: 40 mil cajas al año.
Porcentaje de la producción: 0,05% del volumen exportado.
Mercado interno: 30% de las ventas (0,1% del mercado).
Precio promedio: US$ 90 por caja.

Fuente: MOVI

jueves, 29 de mayo de 2014

10 Pinot Noir con estilo

La fiebre por la cepa terminó, enhorabuena, para dejar tiempo para la templanza y el aprendizaje. Desde su irrupción en los valles costeros, hoy se propaga menos, pero con más cabeza, intentando entender sus humores para dar con un estilo más elegante y delicado, con identidad chilena, pero cuidando de no traicionar su esencia.


Puede ser una poesía, pero también un puñado de garabatos inconexos y sin sentido. El Pinot Noir es una de las variedades más demandantes del mundo. Caprichosa, egocéntrica y susceptible. Desde la Borgoña, se ha desparramado por el mundo con suertes dispares, convirtiéndose en un dolor de cabeza para los productores, en una estrella de cine, en un mito, en una categoría que brilla en los documentos de los críticos, pero aún muy poco en el ranking de preferencias de los consumidores.

Después de la fiebre desatada por la cinta “Side ways” en EEUU, el Pinot Noir volvió a su reducto de siempre, alejado de los neones y de la pachanga. Hizo un alto en el camino, respiró hondo y planeó sus próximos pasos. Lo suyo sin duda no son los blockbusters, sino esas cintas intimistas francesas que muchos dicen ver, incluso disfrutar, pero que en realidad apuntan a un segmento muy acotado.

Este minuto de introspección, este suerte de descanso metafísico, ha posibilitado que la cepa regrese a sus raíces, a reencontrarse consigo misma, a mostrar la mejor de sus versiones. No sólo en Chile, sino en gran parte del llamado Nuevo Mundo, el Pinot Noir comienza a dejar atrás las mermeladas y confituras, los chocolates y vainillinas, para expresar una personalidad más elegante y delicada, más fresca y profunda.

Nunca será un fenómeno de masas. Va contra su propia naturaleza. Es demasiado quisquilloso. Muy sensible al exceso de sol, de agua, de estrés, de popularidad. Su vocación va por los bajos rendimientos y rentabilidades. A diferencia de un Syrah e incluso de un Cabernet Sauvignon, es muy difícil hacer un Pinot Noir decente con más 10 toneladas de uva por hectárea. Por eso siempre apunta a un nicho más alto y los comerciales deben hipnotizar a sus importadores para colocar sus vinos en los portafolios.

Si bien el Pinot Noir en Chile se ha consolidado en los valles costeros, principalmente en Casablanca y San Antonio, hoy son muchos los enólogos que buscan climas más continentales, donde no sólo pueda profundizar en su frescura, sino además desarrollar una arquitectura a prueba de temblores. No se trata sólo de buscar las frambuesas, frutillas y guindas ácidas, bienvenidas sean, sino además nuevas capas aromáticas, estructuras y complejidades.

Así se han sumado promisoriamente otros barrios costeros, como Fray Jorge (Limarí), Chilhué (Aconcagua) y Paredones (Colchagua), pero también nos entusiasma de sobremanera el sur profundo. En Perquenco, Traiguén, Ranco y aún en los suelos trumaos de Osorno, nada menos que rozando la Latitud 40, el Pinot Noir proyecta un carácter firme y jugoso, donde se sienten las notas de sus bosques húmedos, donde el málico permanece incólume para sostener la elocuencia de sus frutos.

Hoy el Pinot Noir camina más seguro. Más suelto. Con más estilo.


Aquitania SoldeSol Pinot Noir 2011

El viento sureño es intenso. También las heladas primaverales. Costó que arraigaran las parras, pero valió la pena. De un viñedo plantado en 2004 en Traiguén, proviene este Pinot Noir macizo y de muchas capas aromáticas. Las cerezas y guindas ácidas mandan, pero después nos envuelve un universo de flores, hierbas y especias. Un vino de gran estructura, pero de líneas finas y visionarias.

Valdivieso Single Vineyard Pinot Noir 2012

Cauquenes no es sólo sinónimo de País y Carignan. Es un mundo aparte, donde las realidades pueden cambiar en sólo un par de kilómetros. En su lado más costero, nace este Pinot Noir atípico y de firme carácter. Con notas de frutos negros, como moras y arándanos, especias y un tono terroso que aporta complejidad, su extrovertida personalidad irrumpe con gracia detrás del humo de la madera.

Cono Sur 20 Barrels Pinot Noir 2011

Es una de las estrellas de la Noche del Pinot Noir de Casablanca. Sin lugar a dudas. Proveniente de El Triángulo y un porcentaje menor de Campo Lindo, este vino se pasea por un sendero de frutos dulces y concentrados. Ciruelas y frutillas, envueltas en un halo de humo, cuero y misterio, se van abriendo paso en el paladar, dejando una sensación tan madura como fresca.

Arboleda Pinot Noir 2012

A sólo 12 kilómetros del mar, sobre suelos de pizarra, este novel Pinot Noir de Chilhué (Aconcagua Costa) muestra un auspicioso futuro. Fermentado con levaduras nativas, es un vino de gran expresión y complejidad aromática. Con frutillas, frambuesas, pétalos de rosas, sobre una capa de tierra húmeda y setas, va llenando la boca con mucha armonía y personalidad.

Tabalí Talinay Pinot Noir 2011

En un pequeño valle escondido en el Talinay (Limarí), donde la camanchaca se estaciona sobre sus suelos de tiza, este Pinot Noir costero impresiona no tanto por sus aromas, sino por su tremenda firmeza estructural. Con intensas notas minerales y una acidez que incluso llega a emocionar (aún con un 100% de fermentación maloláctica), el vino es una tesoro para los que buscan vinos con BOCA. Así, con mayúsculas.

House Casa del Vino Despechado 2013

Nadie del equipo enológico del Grupo Belén tomaba en serio estas uvas que circundan el centro de eventos de House Casa del Vino en Casablanca. Hasta ahora. Con un evidente afán reivindicador, este Pinot Noir golpea la mesa. Fermentado en un huevo de cemento, y con una corta crianza en una tinaja de greda, se muestra ligero, jugoso y refrescante. Un vino sin complejos. Simplemente rico.

Ventisquero Herú 2011

En una pequeña loma de Tapihue (Casablanca), nace este Pinot Noir que no se van con chicas. Con un porcentaje fermentado con racimos enteros, profundiza en su carácter frutal, compuesto, principalmente, por frescas frambuesas y frutillas. Es un vino concentrado, firme, si se quiere, pero con la intensidad para levantar su mole de fruta y dejarnos un fresco y grato recuerdo.

Villard Grand Vin Pinot Noir 2011

El clan Villard, esta familia franco-chilena radicada en Casablanca, fue pionera en la producción de Pinot Noir. Actualmente, enfocada sólo en pequeñas producciones, continúa su saga sin traicionar su particular estilo, embotellando un vino goloso, negro y concentrado, pero con la suficiente acidez para mantener nuestro paladar despierto y agradecido.

Leyda Lot 21 Pinot Noir 2012

Es el Pinot Noir más ambicioso de esta viña que lleva el nombre del valle de Leyda. Proveniente de un viñedo de 3 hectáreas con exposición nororiente, de suelos arcillosos y un perfil de limo y piedras, muestra el lado más fresco de la variedad, regalando frutos rojos, dulces y concentrados, pero además mucha chispa y vitalidad. Es un vino que rehúye del sol para encarar el viento.

Montes Outer Limits Pinot Noir 2012

Proveniente de sus viñedos de Zapallar (Catapilco, me gusta más), este Pinot Noir explora nuevos límites para desarrollar una personalidad única y atrevida. Alejándose del exceso de madurez de sus primeras cosechas, cuando las parras aún eran unas imberbes, ya luce mayor firmeza y entretenidas capas aromáticas. Es un vino goloso, pero que crece año a año, mostrándose cada vez más fresco y equilibrado.

martes, 8 de abril de 2014

El desembarco de las mezclas pacificoterráneas

Llegaron algo tarde, pero para quedarse. Las cepas mediterráneas, como Mourvèdre y Grenache, se han adaptado con asombrosa facilidad y rapidez a las condiciones de los valles chilenos, creando, en especial en Colchagua, una nueva y promisoria generación de vinos jugosos y con muchísimo carácter.
Las modas son parte del mundo del vino, y Chile corre sus olas y a veces simplemente llega tarde, demasiado tarde, y las contempla desde la orilla. La reinvención de la Carmenère, la fiebre del Sauvignon Blanc, la irrupción de los tintos de clima frío, el rescate del Carignan y la viticultura de secano, son fenómenos contagiosos y que han cambiado para siempre el mapa de la vitivinicultura chilena.

Las modas son pasajeras, es cierto, pero cuando existe un sustento técnico detrás de los vinos, un potencial interesante aún sin descubrir o desarrollar, pueden marcar tendencias y enseñar un camino tan virtuoso como insospechado.

En los últimos años, aún con cierta timidez y sigilo, asoma una nueva categoría: se trata de las mezclas mediterráneas, compuestas, en su mayoría, de Grenache, Mourvèdre, Carignan y Syrah. Si bien se trata de ediciones limitadas o experimentales, sus vinos entusiasman por su carácter, fuerza y, sobre todo, naturalidad para proyectar los suelos y mesoclimas chilenos.

Estos cepajes, que son parte del paisaje español y del sur de Francia, han encontrado en los valles de Chile excelentes condiciones para su desarrollo, desde el valle del Elqui hasta el Maule profundo.

Uno de estos grandes picos es, sin lugar a dudas, Errázuriz The Blend 2011 de Aconcagua, una potente, pero fresca mezcla de Grenache, Mourvèdre, Syrah, Carignan y Marsanne. La columna vertebral de este vino, que comenzó como un capricho del enólogo, pero que hoy se puede parar sin complejos junto a los íconos del grupo, es una plantación de Grenache que data de 2000 en la zona de Ocoa, un punto intermedio entre el más cálido Panquehue y los costeros Manzanar y Chilhué.

Otro punto alto, emplazado en el valle de Cachapoal, es Santa Carolina Specialties Mourvèdre 2011. Un vino que refleja muy bien la tipicidad de su fruta, roja y extrovertida, que habla un lenguaje goloso y amable, pero sin caer en los excesos de madurez y extracción.

En la zona de Botalcura, en el valle del Maule, un Tempranillo se las trae. Sin ínfulas de un vino de guarda, Botalcura Tempranillo 2013 conquista con la juventud y franqueza de su fruta negra. Es un vino jugoso, que refleja el paisaje silvestre de su entorno, capaz de ensamblar a la perfección simplicidad y belleza.

Y, en el sur profundo, en el corazón del secano maulino, una nueva mezcla electrizante de Reserva de Caliboro: Erasmo Barbera Garnacha 2013. Un vino jugoso y con una personalidad firme, campechana y entretenida, que integra Barbera de Cauquenes, Garnacha de Empedrado y Carignan de Melozal. Un festín para quienes gustan de vinos ligeros, fáciles de tomar, pero con cuento, con mucho cuento.

COLCHAGUA SE CHASCONEA

En un valle como Colchagua, donde muchas veces tradición se confunde con conservadurismo, los cambios son paulatinos. Por décadas el valle vivió casi exclusivamente del Cabernet Sauvignon, pero a partir de la década del 90 comenzó a irrumpir con fuerza la Carmenère. Esta hija del azar terminó convirtiéndose en el emblema del valle, aprovechando sus suelos profundos y un clima más bien cálido, que templa los tonos especiados de sus vinos.

Sin embargo, en los últimos años, Colchagua definitivamente ha sacudido su modorra. No sólo se ha extendido de cordillera a mar, incorporando grandes tintos andinos y blancos de sus costas de Paredones y Bucalemu, sino se ha abierto a la experimentación. Sus nuevas mezclas mediterráneas, al igual que la Carmenère, son fruto de la casualidad. Sus enólogos comenzaron a vinificarlas sin grandes expectativas, pero quizás por eso mismo hoy pisan con inusitada seguridad.

A diferencia de muchos vinos de la posmodernidad, no nacieron en un departamento de marketing, sino tienen un sustento técnico. Primero debieron convencer al enólogo y, más tarde, ya con los resultados sobre la mesa, los comerciales no tuvieron más remedio que hacer un espacio en los portafolios. Los vinos se ganaron su puesto: la oportunidad de lucirse y satisfacer una demanda creciente por vinos más frescos, ligeros y entretenidos.

Emiliana fue la primera viña que se atrevió a ensayar una mezcla en su fundo Los Robles –con excelentes resultados– y siguieron sus pasos Montes, Lapostolle, Caliterra, Bisquertt, Luis Felipe Edwards, Polkura, Ventisquero y Viu Manent. Todos estos vinos muestran un camino nuevo, fresco y distintivo, con un futuro muy promisorio.

SACÁNDOLE PUNTA AL CERRO

En una ladera del viñedo El Olivar, en la zona de Peralillo, Viu Manent plantó Mourvèdre y Grenache en 2005. Ambas cepas, mezcladas con un porcentaje de Syrah, dieron vida a ViBo Punta del Viento 2011, uno de los vinos más excitantes y bien logrados de la última temporada.
“Cuando llegué a la viña, no le tenía mucha fe a estas cepas. Más encima fue el año del terremoto. Igual vinificamos esos cuarteles y los dejamos en unas barricas viejas. Después de una gira al sur de Francia en 2012, me convencí de su gran potencial y comenzamos a trabajar mucho más en serio. Bajamos el riego y el rendimiento para lograr más estructura. Hoy los vinos son exquisitos. Siguen la misma línea que los franceses, pero con una personalidad propia”, explica Patricio Celedón, enólogo de Viu Manent.

Los cepajes están plantados en lo alto de un cerro sobre suelos graníticos. En el caso de Mourvèdre y Syrah sobre una roca madre que fluctúa entre los 50 cm y 1 m de profundidad. Sin embargo, se trata de una roca fragmentada, por lo tanto permite profundizar a las raíces. El Grenache, en cambio, se encuentra un poco más abajo, pero el suelo es suficientemente pobre para mantener a raya su acostumbrado vigor.

El resultado es un vino jugoso, pero muy firme en boca. El Grenache aporta su fruta fresca e intensa; el Mourvèdre, estructura y cierta mineralidad; y el Syrah refuerza el andamiaje del vino y le confiere aquel característico toque cárnico. Las cepas se cosechan por separado, pero Celedón hace la mezcla antes de pasar el vino a barricas, siempre de segundo o más usos. El Grenache, que por naturaleza es bastante oxidativo, necesita integrarse desde un comienzo con las otras cepas para sostener su fruta.

“No sé si serán las variedades estrella del valle, pero sí es un vino que sigue los gustos del consumidor. Es un vino técnico, pero al mismo tiempo muy fácil de beber. Hoy vemos estos vinos mediterráneos como productos de nicho, pero seguramente van a crecer. ¿Hasta qué punto? Ésa es la gran pregunta”, sostiene el enólogo.

VENTISQUERO VA POR MÁS

En el cordón montañoso que limita con los viñedos de Neyén de Apalta, nace Ventisquero Grey GCM 2013, una exquisita mezcla compuesta por Garnacha, Carignan y Mataro (Mourvèdre). Es una terraza de altura, donde la Garnacha crece sobre pies de Cabernet Sauvignon. Aunque sus raíces habían logrado explorar hasta 2 m, las plantas estaban súper débiles, pero este suelo granítico en descomposición, con muy bajo porcentaje de arcilla, era ideal para tirar las riendas de la Garnacha.

Las uvas se cosechan separadamente y se fermentan en bins de 500 y 1.000 lt. La Garnacha regala su fruta roja y dulce, que recuerda frambuesas y guindas ácidas; el Carignan, estructura, mucha acidez y ciertas notas terrosas que hacen más entretenida y compleja la mezcla; y el Mataro, como le gusta llamarlo a Tosso, aún más estructura que el Carignan, color y un toque animal, como de charcutería.

Pese a que su asesor John Duval, ex enólogo de Penfolds Grange, se caracteriza por sus vinos potentes y elegantes, Grey GCM tiene un cuerpo ligero y vivaz. Desde sus primeras cosechas simplemente salió así y han decidido mantener el estilo: un vino que está 6 meses en bodega, y ya, está listo para dejarse querer. Incluso en las temporadas más frescas como 2013, Tosso ha elegido los lotes más amables de Carignan para mantener la delicadeza tánica de esta propuesta. “Vamos a plantar más y probablemente en el futuro hagamos un vino más de guarda, agregando Syrah a la mezcla”, anuncia.

Para Tosso, estos vinos mediterráneos quizás son más complicados de vender que el Cabernet Sauvignon, pero sólo es un tema de tiempo. “Los vinos son exquisitos y en Colchagua andan súper bien. Tenemos los suelos, el clima, lo tenemos todo. El Cabernet Sauvignon, hay que ser honestos, no es LA variedad de Colchagua. Por algo en este valle se producen los mejores Carmenère que, para mí, es una cepa con un cuento más mediterráneo que bordelés, porque necesita el calor de Colchagua para mostrarse mejor”, opina.

ANTU REMASTERIZADO

El enólogo de MontGras Santiago Margozzini andaba en busca de Syrah. Encontró un muy buen productor en el Maipo, pero el paquete venía con una sorpresa: un pequeño cuartel de Carignan plantado en gobelet. Para amarrar el contrato el enólogo compró toda la fruta y así cobró vida una entretenida mezcla de Syrah y Carignan, perteneciente a la nueva camada de Antu, una línea que le permite una mayor cuota de libertad, experimentar con terruños más distantes y cepas más atrevidas para el tradicional portafolio de la viña.

Al enólogo le quedó gustando la personalidad mediterránea de esta mezcla y comenzó a jugar con otros cuarteles de Grenache, Carignan y Tempranillo que estaban algo olvidados en su fundo de Pumanque. “Al principio encontraba que no daba buenos resultados. No me tincaba mucho. Dejé esos cuarteles a regañadientes. Cosechamos sus uvas y dejamos la mezcla en unas barricas viejas. Con el paso del tiempo, la fruta explotó y nos dio pie para crear este nuevo concepto enológico, con mezclas más entretenidas y sin gastar un peso en barricas nuevas”, explica el enólogo.

La idea de MontGras es ampliar el portafolio y hacer algo distinto, que vaya más allá de lo que están acostumbrados sus consumidores, que llamen la atención de la prensa y genere llamadas como la mía. “Somos medio conservadores, no nos gusta ir demasiado lejos, pero si tenemos que ir a Antofagasta o la Antártida, lo vamos a hacer. No teníamos interés en seguir la moda. Tampoco creíamos que tenía mucho potencial de venta. Hicimos la prueba y nos encantó. Ahora nos entusiasma y encajona bien con el estilo de la viña. Y todo por una casualidad”, confiesa.

NUEVOS AIRES DE LAPOSTOLLE

El estilo de Lapostolle no admite equívocos. Desde un comienzo este château chileno, que ha cimentado en el mundo el prestigio de la denominación de Apalta, se ha caracterizado por sus vinos voluptuosos, amables y redondos, donde la barrica, la buena barrica, juega un papel preponderante para envolver la dulzura de su fruta. Sin embargo, la enóloga Andrea León encabeza un proyecto subversivo y apasionante, vinificando pequeñas partidas de Syrah (desde el norte al sur profundo); Carmenére (desde la cordillera hasta la costa colchagüina), Carignan (Cauquenes y Empedrado); Mourvèdre (Apalta) y Grenache (Elqui y Maule).

“Es el lado B de Lapostolle. Es como un vino de garaje dentro de Lapostolle. Partí este proyecto para educar a los consumidores, que son escépticos al tema del terroir… Porque en Chile sólo se habla de variedades. Hablar de zonas era casi imposible”, explica la enóloga.
Sin embargo, los resultados han sido tan auspiciosos que estos vinos ya forman parte de una nueva línea llamada Collection. Una nueva generación de vinos donde trabaja a la antigua, sin los chiches tecnológicos de su bodega, con muy poca extracción y sin madera, mostrando una nueva cara de la bodega, sorprendiendo al clásico público de Lapostolle.

“La gracia de la variedades mediterráneas es que mantienen las acideces altas en lugares cálidos. Las temporadas 2013 y 2011, que fueron más frescas que el promedio en el valle, se equiparan con las cepas de Burdeos, mientras en las más cálidas, muestran todo su carácter y facilidad para conservar su frescura. Es cierto. Las parras viejas entregan más estructura y profundidad. Necesitamos tiempo para entenderlas. Pero, a pesar de la juventud de los viñedos, en las laderas de Colchagua logran equilibrios muy interesantes. ¡Qué pena que no hayan llegado antes!”, exclama la enóloga.

lunes, 3 de marzo de 2014

10 Rosados sin complejos

Era una categoría subvalorada, dejada a la mano de Dios, pero el mercado ha obligado a reaccionar a los productores. Hoy los Rosados son más frescos y profundos, más elegantes y serios. Son vinos que se pueden mostrar y beber sin complejos.
En serio, cuesta tomarlo en serio. Pero me gusta tomarlo. El Rosado es una categoría que nació para calmar la sed, templar la moral de los bodegueros y evitar que termine en la acequia el sangrado de los grandes crus. Su origen, claro está, es nada de glamoroso, pero los que beben vino y no glamour agradecen la viveza de su fruta roja, su frescura y, por supuesto, su versatilidad para armonizar con las comidas, especialmente con la muy de moda onda thai.

Si bien su consumo era sólo estival, principalmente como aperitivo, el Rosado terminó por extender sus delicadas maneras, a veces incluso muy elegantes, marcadas por una seductora ambigüedad que hoy trasunta todas las esferas culturales. Escandinavos y británicos tiran su demanda y los productores chilenos no quieren quedarse bajo la mesa. Corren desesperados para llegar a tiempo con sus últimas cosechas antes de que finalice el verano europeo.

Como hace una década su demanda era aún muy incipiente, las bodegas no hacían grandes esfuerzos para animar la categoría. Los vinos eran fruto del sangrado de los grandes tintos. Algunos de ellos, que aún subsisten en el mercado, son muy buenos, por cierto, pero hoy son cada vez más los rosados elaborados ex profeso, con cuartelillos destinados a esos menesteres y, generalmente, con su fruta cosechada más temprano para mantener pHs bajos y toda la frescura que caracteriza o debería caracterizar al segmento.

Esos primeros vinos obedecían a las supuestas preferencias de un consumidor joven e innovador, alejándose del estilo de los grandes clásicos franceses. Sus colores eran electrizantes, como neones que invitaban a pecar, mientras sus cuerpos eran curvilíneos, voluptuosos y dulces, incluso a veces con aromas que iban más allá de la fruta, como pañuelos de gañanes trasnochados o perfumes de vainillina que poco y nada aportaban al mejunje.

Aún muchos enólogos no se atreven a embotellar vinos con colores ligeros, como de pétalos de rosa o truchas salvajes. “¿Qué opinas del color?”, preguntan algo inseguros. “¡Precioso!”, digo sin pestañar. Y la verdad es que me fascina esa poética palidez, esa bella y aparente fragilidad, esa natural elegancia sin estridencias o excesos. “¿Y la boca? ¿No estará muy seca?”, vuelven a preguntar. “Gracias”, respondo. Porque se agradece una boca seca y jugosa, que no empalague ni adormezca el paladar, sino que despierte los sentidos, profundice con su acidez, refresque las tardes y amortigüe los picores de la vida.

La gran mayoría de los Rosados chilenos eran elaborados a partir de Cabernet Sauvignon y hacían gala de un cuerpo musculoso y firme. Hoy el paisaje es más variado y nos encontramos con vinos de una multiplicidad de cepajes, desde florales Pinot Noir, especiados Syrah y Carmenère, hasta representantes del secano, como País y Cinsault, que hoy seducen con su profunda simpleza. Hay que tomar cada vez más en serio a los Rosados. En serio.

Bisquertt Escaping, Kissing & Missing Rosé País 2013

De viñedos antiguos de Portezuelo, una de las zonas más templadas del Itata profundo, Bisquertt escapa de las tradicionales cepas francesas para besar la abandonada País. ¿Cómo? A través de un vino color rosa pálido y destellos anaranjados, como los últimos estertores de una puesta de sol. Con notas de azahares y frutillas salvajes. Deliciosamente fresco.

Maquis Rosé Malbec 2013

Provenientes de un cuartel emplazado en la ribera del estero de Chimbarongo, en el corazón de Colchagua, sus uvas fueron cosechadas muy temprano para preservar todo el nervio y acidez de sus frutos rojos. Es un Rosado firme, pero elegante. De un estilo más bien seco, pero con un corazón dulce y generoso.

Bodegas RE Pinotel 2013

De una bodega que redescubre las vitivinicultura a través de su purismo enológico y atrevidas mezclas, este Pinot Noir de Casablanca –con un 15% de Moscatel de Loncomilla– seduce con su elocuencia frutal y frescura. Con un epicentro de frutos rojos, pero atravesado por bocanadas de flores blancas, es un vino que va más allá de la categoría del Rosado. Es un Resado.

Zaranda Rosado Cinsault 2013

Es un vino que nace en la zona de Guarilihue, a una veintena de kilómetros del mar, en esas sinuosas tierras donde los españoles plantaron sus primeras estacas. Con el carácter y jugosidad de los mejores representantes del Itata, este Rosado conquista con sus frutillas y cerezas ácidas. Con su franco e irreductible carácter.

Miguel Torres Santa Digna Rosé Cabernet Sauvignon 2013

Representa uno de los primeros Rosados serios de Chile y, aunque mantiene su estilo original, sin mezquindades con el azúcar residual, este Cabernet Sauvignon de Curicó es voluptuoso, firme y largo. Algo dulce, es cierto, pero muy bien apuntalado por su acidez, lo que le permite que sus elocuentes frutos rojos profundicen en nuestro paladar.

MontGras Pink Sin Zinfandel 2013

Este Rosado es simplemente una rareza. Elaborado a partir de un cuartel de Zinfandel colchagüino –con un pequeño porcentaje de Merlot–, presente aromas terrosos y animales. De cerezas y frutillas maceradas. Sin ocultar su personalidad dulce, se deja beber con mucha facilidad. Es un vino simple. Atractivo y exuberante. Que invita a pecar sin miedos.

De Martino Gallardía Cinsault 2013

Su color es tenue, delicado, como la piel de la cebolla. Sus aromas son de frambuesas y guindas ácidas. Proveniente de la fresca zona de Guarilihue, en plena Cordillera de la Costa en Itata, impresiona por su franqueza y jugosidad. Es un vino engatusador y quizás hasta peligroso… porque no te das cuenta cuando ya se ha acabado la botella.

Los Vascos Rosé Cabernet Sauvignon 2013

Con un 90% de Cabernet Sauvignon y 10% de Syrah de Peralillo, este Rosado es corpulento, exuberante en aromas, pero en la boca se mueve como un bailarín. Con notas de frutillas, guindas y ciruelas, y ciertos tonos de frutos secos que aportan algo de calidez, pero también de complejidad, este vino es un Rosado con alma de tinto.

Las Niñas Rosé Syrah 2013

Proveniente de Apalta, el barrio alto de Colchagua, este Rosado se muestra sencillo y austero. Simplemente, encantador. Con expresivos frutos rojos, y cierto dulzor – cándido, pero en ningún caso empalagoso– camina por la boca con mucha suavidad y coquetería, dejándonos un dulce recuerdo.

Leyda Loica Pinot Noir 2013

De la zona de Leyda y sus nubosas mañanas, este Pinot Noir profundiza en el lado más fresco de la categoría. Con aromas de flores, frambuesas y guindas ácidas, incluso ciertas notas cítricas que aportan electricidad y un cierto toque salino, es un vino que hace gala de su origen costero. Vertiginoso y refrescante.

martes, 11 de febrero de 2014

Los nuevos tintos de Casablanca

Son vinos de nicho, audaces, pero de alto valor agregado, una punta de lanza que refresca el portafolio del valle, profundizando en el carácter de un pionero que no se queda dormido en los laureles, sino que siempre va por más.
Es una cepa multifacética, generosa, que se ha adaptado mansamente a las distintas condiciones de los valles chilenos. A pesar de su reciente introducción a finales de los 90, la Syrah ha sabido demostrar una personalidad firme, atractiva y rendidora. Su asombrosa consistencia –no tiene las mañas del Carmenère y esa aversión a las altas temperaturas del Merlot o Cabernet Sauvignon– permite una muy buena oferta de vinos en todos los segmentos de precio y reinventarse, una y otra vez, buscando nuevos facetas y nichos de mercado.

Sin embargo, la pérdida de valor de la Syrah en el concierto mundial, principalmente por la desmesurada fiesta australiana, ha obligado a esta cepa a intentar la conquista de nuevos paladares, más exigentes y educados. En Chile, a partir de las últimas décadas, comienzan a irrumpir, en un comienzo con cierta timidez, representantes de climas costeros, que reflejan una nueva ecuación entre azúcar y acidez, cuerpos más delicados y notas que se alejan de las mermeladas y los más pesados tonos cárnicos, para brillar con sus flores y pimientas multicolores.

En Casablanca, la flamante Capital Mundial del Vino, la Syrah fue recibida con algo de suspicacia. ¿Para qué ir contra de la naturaleza? ¿Por qué no concentrar los esfuerzos y empujar aquellas cepas que conviven mejor con las características edafoclimáticas casablanquinas, como Sauvignon Blanc, Chardonnay y Pinot Noir?, se preguntaba hace algunos años un pionero del valle. Sin embargo, el éxito en la crítica, especialmente en los paladares británicos, han incentivado a las bodegas del valle a incluir en su portafolio la Syrah. Hoy no tenerlo es ir contra la naturaleza comercial o, más bien, contra la moda imperante, que exige –exige pero aún entrega poco y nada a cambio¬–, tintos más frescos y audaces.

La Syrah, junto al Merlot y algunos pequeños spots de Cabernet Franc y Malbec, han terminado por teñir la Casablanca, tanto así que la presentación de los primores tintos de Casablanca –o Tintos de Clima Frío– se ha convertido en uno de los más esperados hitos del año. Hace algunas semanas, en las hermosas instalaciones de Bodegas RE, una docena de viñas descorcharon sus últimas cosechas, demostrando la consistencia de una cepa que llegó con ciertas dudas, pidiendo permiso, pero, sin lugar a dudas, llegó para quedarse.

Si bien la Syrah en Casablanca no permite producir grandes volúmenes –ni pasa por su mejor momento comercial como cepa–, sí fortalece el posicionamiento del valle, mostrando una cara más versátil e innovadora. Sin abandonar los esfuerzos por el Merlot u otras cepas tintas que podrían agregar emoción y diversidad, la Syrah tiene un lugar destacado en la categoría de vinos de especialidad o en segmentos más altos de precio, pero para eso los empresarios vitivinícolas de Casablanca tienen un enorme desafío por delante: dejar de vender Syrah –en un carro desbordante, que ya no necesita actores que vendan más de lo mismo– y empezar a empujar con mayor fuerza Casablanca como denominación de origen, como una marca pionera, fresca y atrevida, que no se queda dormida en los laureles, sino que siempre va por más.


DESTACADOS DE CASATINTA

Bodegas RE Syrahnoir 2013

Con un 70% de Syrah del fundo El Refugio y el resto Pinot Noir de El Ensueño, sus uvas fueron cofermentadas para conseguir una mayor complejidad e integración. Es un vino excéntrico, floral y profundamente fresco. Delicado, pero muy firme a la vez.

Estancia El Cuadro (El Acierto) 2012

Proviene de unas cuantas hectáreas del sector de Tapihue, pero las suficientes para que este centro de eventos se reestrene como corresponde: con un Syrah muy austero y jugoso. Pura fruta roja salpimentada, sin interferencias ni delirios de grandeza.

Emiliana Signos de Origen Syrah 2012

Proveniente de La Vinilla, uno de los sectores altos del valle, este vino es un gran signo de voluptuosidad. Posee una nariz que huele a charcutería y fruta dulce, y una estructura firme, musculosa, que augura muy buenos años de evolución.

Veramonte Reserva Merlot 2012

El Merlot es una cepa que no hay que descuidar y Veramonte, después de mucho trabajo, comienza por fin a tomarle la mano. Aquí encontramos mucha fruta roja, madura y elocuente, y una pimienta negra que contrasta con su dulzor. Jugoso y muy fácil de beber.

Quintay Q Syrah 2012

De las hermosas laderas de Mina de Agua, este Syrah se caracteriza por su potencia y exquisita combinación de tonos florales y de fruta roja. Es un vino firme y concentrado, que expresa de muy buena manera el potencial de los suelos graníticos de Casablanca.

Morandé Terrarum Merlot 2010

Con su fruta del fundo Belén, este Merlot es un muy buen ejemplo de la consistencia que puede lograr la cepa en el valle y a una excelente relación precio / calidad. Es un vino jugoso, simple y alejado de la sobremadurez.

Mancura Leyenda Gran Reserva Syrah / Cabernet Franc / Merlot 2011

Una mezcla entretenida y que resume muy bien el potencial tinto del valle. Con una barrica aún muy protagonista, donde resaltan los aromas de granos de café y chocolate amargo, aparecen expresivas notas florales y de frutos rojos.

House Casa del Vino Tirazis 2011

Un Syrah muy completo aromáticamente y con una excelente estructura frutal. Se sienten notas de frutos del bosque, pimienta negra, pero también ciertos tonos herbales que refrescan el conjunto. Un vino jugoso y firme.

Loma Larga Lomas del Valle Quinteto 2012

Esta viña es la gran especialista en tintos del valle y con este Quinteto compuesto de Cabernet Franc, Syrah, Malbec, Merlot y Pinot Noir resume de gran forma el potencial de sus laderas. Es un vino floral, liviano y jugoso, que no esconde sus marcadas notas herbales, y que profundiza con gracia y notable frescura en el paladar.

Carmen Reserva Merlot 2011

Proveniente de sus viñedos de San Miguel y Santa Inés, este Merlot es otro ejemplo de franqueza con la cepa. Con notas de ciruelas y frambuesas, y trazos de pimienta verde, demuestra toda su simpleza, jugosidad y frescura.

Casas del Bosque Pequeñas Producciones Syrah 2012

Este Syrah, proveniente de una de las zonas más frescas del valle, es sinónimo de elocuencia. Aquí encontramos potencia frutal, pero también mucha elegancia. Con notas de violetas, arándanos y guindas, mucha pimienta y ciertos tonos herbales, es un Syrah con un buen presente, pero con un tremendo futuro.

Casablanca Neblus 2011

Nace en las partes más altas del fundo Santa Isabel, en suelos de puro granito, lo que moldea una personalidad firme y seria. Fermentado en barricas con granos enteros, al oxigenar la copa irrumpen el humo y sus expresivos frutos silvestres. Es un Syrah concentrado, pero muy fino. Un gran top de línea para esta cepa.